Invitado por periodistas de Concepción del Uruguay -la Asociación de periodistas de Concepción- y en vísperas del Día del Periodista, el reconocido periodista y escritor Reynaldo Sietecase brindó una profunda reflexión sobre el presente y el futuro de la profesión. Ante un auditorio colmado -Scelzi- defendió el valor del periodismo profesional frente a la desinformación, los algoritmos y los discursos autoritarios que buscan desacreditar la tarea de los medios.
Concepción del Uruguay fue escenario de una charla que invitó a pensar el papel del periodismo en tiempos de transformaciones tecnológicas, crisis de confianza y polarización política. A pocos días de celebrarse el Día del Periodista, el reconocido comunicador, conductor radial y escritor Reynaldo Sietecase llegó a la ciudad para participar de un encuentro organizado por periodistas uruguayenses, con el acompañamiento de la Municipalidad local.
Al iniciar su exposición, Sietecase agradeció la invitación y destacó la importancia de debatir sobre el rol de los medios en una etapa que definió como “compleja no sólo para el periodismo, sino para la sociedad en su conjunto”.
“Gracias a los colegas de Concepción por haberme invitado y por haber pensado que puedo aportar algo en este momento tan complejo para los medios de comunicación y para el mundo”, expresó.
La charla giró en torno a una provocadora consigna: “El día después del periodismo”, una idea que, según relató, en un principio le pareció exagerada, pero que luego encontró útil como disparador para analizar los desafíos que enfrenta la profesión.
El periodismo frente al poder
Uno de los conceptos más fuertes desarrollados por Sietecase fue la histórica tensión entre el periodismo y los gobiernos con tendencias autoritarias.
“A los autoritarios no les gustan los periodistas. Es así y siempre ha sido así”, afirmó.
En ese contexto recordó que durante la última dictadura militar argentina fueron asesinados y desaparecidos 130 periodistas, y aunque aclaró que actualmente la democracia garantiza libertades fundamentales, advirtió sobre nuevas formas de presión y hostigamiento hacia la prensa.
Según explicó, el objetivo de muchos líderes políticos no es únicamente cuestionar a determinados medios o periodistas, sino desacreditar el valor mismo de la información profesional y de cualquier actor que cumpla funciones de intermediación entre el poder y la ciudadanía.
Para Sietecase, la tarea periodística resulta incómoda para quienes pretenden imponer relatos únicos porque implica verificar, contextualizar y confrontar versiones oficiales.
Una democracia sin periodistas
A lo largo de la conferencia propuso un ejercicio de imaginación: pensar cómo sería la Argentina dentro de diez años sin periodismo profesional.
El panorama que describió fue inquietante. Aunque podrían seguir existiendo elecciones, redes sociales, influencers, plataformas digitales y una enorme circulación de opiniones, sostuvo que la democracia perdería una herramienta esencial para controlar al poder.
“Sin periodistas sería una democracia vacía”, señaló.
Explicó que el periodismo cumple tareas que no pueden ser reemplazadas por las redes sociales ni por la producción masiva de contenidos: investigar expedientes judiciales, seguir durante meses una licitación sospechosa, comprobar la ejecución de una obra pública o verificar la autenticidad de una denuncia.
“Habrá millones de opiniones y emociones, pero un vacío absoluto de hechos comprobables”, sostuvo.
Para el conductor de Radio Con Vos, el riesgo actual es confundir la multiplicación de voces con una verdadera democratización de la información.
La importancia de la intermediación
Uno de los ejes conceptuales más desarrollados durante la charla fue el valor de la intermediación.
Sietecase consideró que muchos discursos contemporáneos promueven la idea de eliminar intermediarios y establecer una comunicación directa entre dirigentes y ciudadanos. Sin embargo, advirtió que esa lógica suele derivar en la concentración del poder y en la desaparición de los mecanismos de control.
“Los autoritarios no quieren intermediarios”, señaló.
En esa categoría incluyó no sólo al periodismo, sino también a organizaciones sociales, sindicatos y otros actores que cumplen funciones de representación dentro de una sociedad democrática.
Según explicó, la intermediación permite contrastar información, plantear preguntas incómodas y ofrecer miradas diferentes sobre una misma realidad.
“El periodismo sirve para incomodar”
Lejos de definir al periodismo únicamente como una actividad destinada a informar, Sietecase propuso una mirada más amplia sobre la profesión.
“El periodismo, cuando funciona bien, sirve para incomodar”, afirmó.
A su entender, la función esencial del periodista es cuestionar aquello que el poder político o económico intenta ocultar, revelar información relevante para la ciudadanía y conectar hechos que muchas veces aparecen dispersos.
En ese sentido recordó la figura de Rodolfo Walsh y su célebre “Carta Abierta a la Junta Militar”, a la que describió como uno de los mayores ejemplos de periodismo entendido como interrupción de un relato oficial.
También mencionó investigaciones sobre corrupción, tráfico de armas, espionaje ilegal y otras problemáticas que permitieron visibilizar hechos que de otro modo habrían permanecido ocultos.
“Sin la persistencia de la duda, la corrupción y la injusticia dejan de ser un escándalo y pasan a formar parte del funcionamiento normal del sistema”, reflexionó.
El desafío de los algoritmos y la inteligencia artificial
Otro tramo importante de la conferencia estuvo dedicado al impacto de las nuevas tecnologías en la circulación de información.
Sietecase advirtió sobre el creciente poder de los algoritmos para moldear opiniones y condicionar comportamientos sociales y políticos.
Según explicó, las plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención de los usuarios, ofreciéndoles contenidos que refuerzan sus creencias e intereses previos.
“El teléfono inteligente me conoce más que mi mamá, más que mis amigos”, comentó con ironía.
A partir de esa observación alertó sobre el fenómeno de las cámaras de eco, donde las personas reciben permanentemente información que confirma sus ideas y prejuicios, reduciendo las posibilidades de confrontar puntos de vista diferentes.
Además, se refirió al escándalo de Cambridge Analytica como uno de los primeros casos que demostró cómo los datos personales pueden utilizarse para influir en procesos electorales.
Inteligencia artificial y desinformación
Sietecase también expresó preocupación por la evolución de las herramientas de inteligencia artificial capaces de generar imágenes, videos y audios falsos con niveles de realismo cada vez mayores.
Recordó ejemplos recientes de contenido manipulado difundido durante campañas electorales y sostuvo que el principal desafío del futuro será distinguir qué información es verdadera.
En ese sentido compartió una reflexión surgida de una conversación con especialistas en inteligencia artificial que lo llevó a replantear la forma de entender la desinformación.
“Antes pensábamos que había que detectar lo falso. Ahora el desafío es encontrar qué es verdadero entre una enorme cantidad de información falsa”, explicó.
Durante la charla también hubo espacio para valorar el trabajo de periodistas del interior del país, muchas veces alejados de los grandes centros mediáticos pero protagonistas de investigaciones de gran relevancia.
En ese marco destacó especialmente la labor de Daniel Enz, director de la revista Análisis de Entre Ríos, y de otros colegas que han desarrollado investigaciones vinculadas a la corrupción, el narcotráfico y distintas problemáticas de interés público.
Sietecase resaltó que el periodismo no sólo trabaja sobre la actualidad, sino que también contribuye a preservar la memoria colectiva y evitar que los hechos históricos sean tergiversados.
Un mensaje para el futuro
La visita de Reynaldo Sietecase a Concepción del Uruguay dejó un mensaje para periodistas, estudiantes y ciudadanos: en una época marcada por la sobreabundancia de información, la polarización y el avance tecnológico, el periodismo profesional continúa siendo una herramienta imprescindible para la vida democrática.
Lejos de anunciar el fin de la profesión, el periodista planteó la necesidad de reivindicar sus valores esenciales: la búsqueda de la verdad, la verificación de los hechos, la investigación rigurosa y la capacidad de interpelar al poder.
