CINE & MATE
La actuación como modo de vida.
by Salomón Reyes
Todavía es posible encontrar personas que cuando comentas que eres actor o actriz, te tiran en modo imperativo un… “A ver, llora”. Esa frase tiene que ver con esa idea de que los actores pueden representar de modo fácil, cualquier estado de ánimo y entre ellos, el de la tristeza seguido del llanto. Las lágrimas parecieran ser la prueba inequívoca de que eres buen actor. Si sabes llorar, sabes actuar.
Además del test del llanto, hay otro que parece que los actores y actrices pueden resolver de forma sorprendente: aprender de memoria textos larguísimos. He visto espectadores que al final de una obra de teatro, en vez de comentar aspectos de la obra misma, se muestran asombrados por la cantidad de palabras que los intérpretes han memorizado.
A los que creen en estas dos premisas como certificado de autenticidad actoral, lamento desilusionarlos. Ninguna de las dos garantiza que estamos frente a un gran suceso actoral. En todo caso el llanto y la memoria son habilidades que se entrenan y que se fortalecen como parte de un proceso que puede llevarte toda una vida. Sí, actuar no es un oficio que se pueda dominar en poco tiempo y que no todos pueden desarrollar, por fortuna.
Ustedes y yo conocemos personas que lloran con enorme facilidad y no por eso pueden llamarse actores o actrices. En algunos países de oriente, se sigue cultivando la curiosa costumbre de contratar lloronas en los velorios en donde por lo general, ni conocen a la persona que murió. También hay personas que poseen enorme capacidad de memorizar textos largos y, se dedican a cosas tan variadas como dar charlas TEDx, a ser curas, abogados o políticos. Ninguno de ellos son actores, aunque lo parezcan.
La formación académica actoral tiene relativamente poco tiempo. Si bien hubo textos antiguos como la “Poética” de Aristóteles en donde el autor griego valora el dominio de la voz y el gesto, o el caso de “La paradoja del comediante” de Denis Diderot, escrito originalmente en 1773, en donde el autor francés aborda aspectos como la sensibilidad y las emociones del actor. Es hasta principios del siglo XX cuando Konstantin Sergueievich Stanislavski en Moscú, desarrolla un método práctico y teórico que permite entender desde la constante práctica y observación, la naturaleza expresiva del actor. El Método o Sistema Stanislavski como se le conoció, se convirtió en el primer laboratorio real profesional de actuación.
Fue en 1912 cuando Stanislavski fundó el estudio de actuación, una institución formativa dedicada a educar generaciones enteras de actores y actrices, bajo la influencia y patrocinio del Teatro Arte de Moscú. A través de la observación personal y una obsesiva y meticulosa práctica, Stanislavski indagó en la memoria emotiva y las acciones físicas que permitían hacer verosímil la interpretación sobre el escenario. Su frase “No te creo”, se volvió la más temida de escuchar pero al mismo tiempo, se convirtió en el motor de búsqueda que perseguía la perfección artística.
Su método era tan completo y útil que rápidamente se difuminó por el mundo occidental[1] a través de alumnos o estudiosos que implementaron sus propias versiones. En Uruguay, el Método llegó de la mano de la actriz catalana Margarita Xirgú[2] y su Escuela Multidisplinaria de Arte Dramático, fundada en Montevideo en 1949.
Poco después e inspirados en los principios estanislavskianos, surgieron otras escuelas y otros formadores y referentes. En Polonia, Jerzy Grotowski fundó el Teatro Laboratorio, en Dinamarca, Eugenio Barba organizó el Odin Teatret, Peter Brook experimentó en París con “el espacio vacío” y en Estados Unidos, de la mano de Lee Strasberg se creó el sistema de los Actores del Método, que más tarde daría lugar al Actor´s Studio, una escuela de actuación icónica, convertida en referencia para una generación inmensa de actores de cine. Algunos, muy famosos, cada tanto vuelven a su vieja escuela para tomar u ofrecer clases.
Todo lo anterior nos lleva a concluir que la formación de un actor nunca se termina y que, a fuerza de prueba y ensayo, es como se consigue dominar la técnica y sus misterios. Ser actor no es solo tener ganas de serlo, sino adquirir un compromiso real de formarse continuamente para conseguir algún día, lo que Stanislasvki llamaba, el virtuosismo.
Tomar cursos, inscribirse a talleres especializados, no dejar de aprender sobre ustedes mismos o sobre su trabajo actoral, debe ser imperativo. En el litoral uruguayo hay pocas oportunidades de formación así que cuando aparezcan, no se deben desperdiciar. Para ser actor o actriz es necesario llorar sí, pero llorar por estudiar y de ser posible, por estudiar toda la vida.
[1]En Oriente existen distintas escuelas milenarias que abordan la formación actoral. Como ejemplos, el Teatro Kabuki en Japón o el Kathakali en el sur de la India.
[2]Margarita Xirgú estuvo en Salto, Uruguay en 1953, invitada por Enrique Amorin con motivo de la inauguración del Parque y Monumento dedicado a Federico García Lorca en la Costanera Sur.
