Por Horacio R. Brum
Hace un par de décadas, el entonces director de Le Monde Diplomatique -uno de los semanarios independientes más prestigiosos de Europa, que tiene varias ediciones latinoamericanas-, acuño la definición de “pensamiento único”, referida al conjunto de ideas y conceptos que se imponen desde los medios de comunicación internacionales y siguen, a veces a propósito, a veces inadvertidamente, la línea de los gobiernos de las grandes potencias. En la actualidad, ese pensamiento único puede ser reforzado por la explotación política de las redes sociales, por donde circula sin limitaciones toda clase de información-basura y las que dan acceso a la masa del público aquellos personajes que el gran intelectual italiano Umberto Eco llamó el “tonto del pueblo”. Hasta la difusión de las nuevas tecnologías de la comunicación, según Eco, ese individuo se tomaba unos vinos en el bar y emitía las opiniones más descabelladas, pero sus expresiones eran rechazadas por los otros parroquianos y rara vez salían del lugar. Hoy, el tonto del pueblo puede llegar a presidente de un país, con las redes sociales como generadoras de votos entre los frustrados, los resentidos, los crédulos y los propagadores del odio.
Es el pensamiento único el que sostiene en estos tiempos que América Latina está envuelta en una “ola azul” de gobiernos conservadores o ultraderechistas, que han puesto fin a la era del progresismo y la izquierda. El delirio de Donald Trump de convertir a la región en “nuestro hemisferio” también es presentado sin profundizar en factores regionales, como el hecho de que la intervención en Venezuela sólo fue posible por las traiciones dentro del círculo de confianza de Nicolás Maduro, o que un ataque abierto a Cuba se dificulta por la posición estratégica de la isla, a pocas decenas de millas marítimas del territorio estadounidense. Bastaría con que las fuerzas armadas cubanas lograran cualquier destrucción de objetivos en Florida, para que el ambiente político interno se diera vuelta en contra de Trump; por otra parte, los cubanos opositores al gobierno de La Habana quieren apoderarse de un país listo para sus inversiones, no de una ruina al estilo de la Gaza destruida por la venganza de Benjamin Netanyahu ni de un territorio con la infraestructura seriamente deteriorada por los bombardeos, como en Irán.
Por otra parte, las ilusiones de la “gran Argentina” de Milei están lejos de concretarse y sus acciones para alcanzarla han comenzado a ser desafiadas en las calles, en el sindicalismo y en un Parlamento que durante mucho tiempo pareció atontado por el colaboracionismo (disfrazado de “dialoguismo) y el costo electoral que provocaron los errores estratégicos y la corrupción del kirchnerismo. Aumentan ahora los argentinos que no se tragan el cuento presidencial del “riesgo kuka” y los que viajaron a Miami con el dólar barato se están dando cuenta de que a su regreso no pueden pagar los gastos más básicos del hogar.
Al otro lado de los Andes, los fantasmas de la inmigración descontrolada y de la criminalidad rampante que agitó José Antonio Kast para llegar a la presidencia son exorcizados por los perjuicios que las medidas económicas del gobierno causan en el presupuesto de los chilenos (como el brusco aumento de los combustibles) y la izquierda encabezada por el Partido Comunista está articulando movimientos de resistencia con las organizaciones sociales. Los estudiantes, que usualmente han encabezado las protestas, se manifiestan mediante tomas de liceos y marchas multitudinarias, principalmente a través de la organización Cordón Secundario. La comunidad científica y cultural también está movilizada contra los recortes presupuestarios, y la encuesta Criteria, una de las más confiables, indicó hace unos días que la desaprobación de Kast llega al 52%, en tanto que 47% de los ciudadanos piensa que hay retrocesos en el país. Al igual que en Argentina, la oposición parlamentaria comienza a recuperarse y aunque algunos proyectos del Presidente han sido aprobados, otros están bajo intensas discusiones, en especial los que se refieren a la reducción de los derechos ciudadanos, como el de reunión pacífica.
En Bolivia, el fantasma de Evo Morales, quien gobernó con aciertos y desaciertos pero fue innegablemente el artífice de la incorporación a la vida política de aquellos que antes sólo miraban como gobernaba la clase “blanca”, exaspera al mandatario derechista Rodrigo Paz. Morales huye de varias órdenes de captura en su territorio nativo del Chapare y hasta habla por radio, mientras que las protestas y bloqueos de carreteras llegaron a determinar que Chile enviara ayuda humanitaria, por la escasez de artículos de primera necesidad.
Keiko Fujimori goza todavía en Perú de la aprobación de alrededor del 60% de sus conciudadanos, pero debe andarse con cuidado respecto de un Congreso que suele voltear presidentes. En el acto de asunción del mando, los legisladores del principal partido opositor abandonaron la sala y en las calles hubo protestas de los sectores que reclaman por la violación de los derechos humanos cometidas por las autoridades anteriores. El colombiano De la Espriella apenas consiguió que la autoridad electoral diera la personería jurídica a su embrionario movimiento político una semana antes de asumir la presidencia; no tiene mayorías parlamentarias propias y para colmo de males, el terremoto del 9 de agosto dejará al descubierto las numerosas carencias sociales. El ex presidente Petro -a quien se le reconoce haber sacado a millones de colombianos de la pobreza-, es el jefe de una poderosa oposición política y el cambio del diálogo a los ataques militares contra las guerrillas promovido por el nuevo mandatario como parte de su política de “mano dura”, ya ha provocado enfrentamientos sangrientos. Tampoco se ve una solución posible para el problema del narcotráfico, aunque seguramente se aceptará alguna ayuda de Washington.
Los dos gigantes latinoamericanos continúan volcados a la izquierda, con líderes que saben mantener a raya el intervencionismo estadounidense. En la primera semana de agosto, Claudia Sheinbaum tuvo la aprobación del 72% de los mexicanos y los roces con Trump, junto a los despropósitos de Javier Milei en San Pablo ayudan a Lula da Silva a mantener su ventaja sobre el hijo del golpista Jair Bolsonaro, con miras a las elecciones de octubre.
El intento de perpetuación en el poder del matrimonio Ortega, en Nicaragua, es funcional al discurso “anticomunista” de la derecha, pero no preocupa a Donald Trump, porque los vecinos centroamericanos (con la excepción de Guatemala, donde gobierna la socialdemocracia) han vuelto a la tendencia histórica del alineamiento mental y político de sus clases media y alta con Estados Unidos. Hacia el autoritarismo de derecha va también firmemente encaminado Nayib Bukele de El Salvador, mientras que en el Caribe, la República Dominicana está regida por la centroderecha. Curiosamente, si se incluyen en la región las naciones isleñas antillanas, se ve que allí predominan los gobiernos de orientación progresista.
En la costa del mar, las rocas resisten día a día los embates de las olas, que a veces pueden tener una fuerza brutal. Sin embargo, las rocas solamente son destruidas después de millones de años, para volverse la arena que forma hermosas playas o crea dunas de paisajes majestuosos. El mar, en cambio, puede ser desplazado por los movimientos tectónicos del fondo y terminar secándose en estériles lagunas saladas. Como la ola azul creada por el “pensamiento único”…
