La construcción de una Defensa para la ciudad baja de Paysandú.
Ing. Agr. Abner Prada
Debo aceptar de una vez por todas, que a la sociedad sanducera no le interesa defender la ciudad de las cada vez más frecuentes crecidas del río, desde el puente del Arroyo Sacra sobre la calle Independencia hasta la intersección de las calles Washington y Entre Ríos. Debo aceptar y reconocer, que quienes trabajamos y venimos luchando desde hace una década para construir una simple defensa al igual que las ciudades de Concepción del Uruguay y Concordia (por nombrar las más cercanas) cometimos un grave error de apreciación.
Ante la evidencia de los hechos debo reconocer que no valoré acertadamente el interés de la sociedad sanducera en defender un valioso patrimonio urbano legado por sus mayores. Salvo algunos valientes y abnegados vecinos que lucharon denodadamente para que todos se plegaran a la iniciativa integrando un grupo llamado “Grupo Polder” que se fue desdibujando entre dudas, promesas, temores y recelos, el interés del resto de la sociedad ha sido escaso o nulo.
En esta última crecida, mientras se deterioran una vez más las calles, las casas, las cloacas y todo lo que compone una ciudad, solo se habla del admirable sistema ( bueno es reconocerlo) aceitado y casi perfecto de evacuación masiva de la población inundada.
Solo se habla de la relocalización de la gente, como única solución, con la amenaza de que no regresen nunca más a sus lugares. Solución que en muchos casos es bienvenida por la gente y aprobada por nosotros, pero que no va a funcionar a largo plazo. Porque tarde o temprano, las zonas bajas se van a repoblar.
No se habla en ningún medio de prensa, foro, colectivo o agrupación, de la pérdida enorme que significa abandonar gradual y progresivamente un lugar que brilló por su atractivo como zona residencial hasta hace no muchos años atrás. Hay que abandonar todo, ¿hasta que cota habrá que borrar la ciudad?
Eso no lo han dicho claramente las autoridades, ni creo que se animen a decirlo, porque esa cota debería ser al menos la cota 10 con Plaza Artigas incluida.
Pero lo que es mucho peor es constatar que puedo contar con los dedos de media mano, cuántos sanduceros (inundados o no) concurrieron en esta creciente a la ciudad de Concepción del Uruguay (que dista solo 40 Kmts.) a verificar in situ el funcionamiento y la belleza de la defensa construida hace 15 años.
Es muy fácil pasar la frontera a comprar alguna cosita y de hecho son legiones de sanduceros las que cruzan con ese propósito. Se pueden dar ambas cosas, un hermoso paseo para ver el funcionamiento y la belleza de la defensa sur de Concepción durante una gran crecida, visitar otra obra mucho más grande, la construcción de un enorme terraplén y un bello puente que une la costa a una isla y una playa de arena que no existía, y de paso hacer alguna comprita.
El paseo es hermoso porque cuando uno aprecia lo que se puede hacer para mejorar la calidad de vida de la gente, y a su vez defender y proteger su patrimonio, no puede dejar de admirarse gratamente. Al igual que un gran puente o una Ruta en la montaña, las obras costeras asocian su funcionalidad a la elegancia de sus líneas y la magnificencia de su entorno.
Vimos niños jugando en parques infantiles, vecinos tomando mate en bancos, edificios y casas en cota 3, cuando la altura del río en ese momento era de 7,60. Vimos gente corriendo sobre el empedrado del coronamiento de los terraplenes. Un lindo edificio restaurante que se levanta en uno de los extremos de la defensa, donde ésta continúa con muros de hormigón dentro de los edificios del puerto.
Conversamos con los vecinos que se saben protegidos hasta la cota 11 (equivale casi a la cota 12 en Paysandú) y se sorprenden cuando uno les pregunta que les parece la obra. Para ellos es una cosa natural, la obra está integrada a sus vidas, sentí como que estaban serenamente orgullosos de vivir en su ciudad. Bajo las cotas de inundación se realizan inversiones inmobiliarias importantes, como un edificio nuevo de más de 6 pisos ubicado en la cota 3, comercios, viviendas cooperativas etc. todo protegido hasta la cota 11 por un sistema de defensa construido sin peros ni peroratas.
Siente uno entonces una mezcla de envidia, admiración y dolor. La desazón de comprobar una vez más que para nosotros hay demasiadas cosas que integran el vasto capítulo del “no se puede”. Y lo malo que ese cúmulo interminable de “no se puede” ha ido permeando en nuestra cultura, nos refugiamos entonces en los pequeños “se puede” que no son más que soluciones individuales y egoístas.
Debo confesar con dolor que me acaba de llamar el Ingeniero Alvaro Gastelú, quien junto al Ing. Lucas le regalaron a Paysandú hace 7 años un estudio topográfico preliminar determinando un posible trazado de la defensa, movimientos de tierra etc.. El ingeniero Gastelú me preguntó como estaba la creciente y que cosas se venían comentando a nivel de la prensa en relación a ella.
Le tuve que contestar que muy poco o nada. Tuve que decirle a quienes le regalaron a la ciudad un trabajo costoso y valioso, que a nivel de la prensa oral y escrita no pasó nada. Que aquí solo se habla de los desplazados y de la relocalización de la gente. Se habla de un plan de la costa muy costoso y del trabajo de reconstrucción que se avecina a la espera de la próxima crecida del río.
Me preguntó si alguien había hecho la comparación de lo que se inundó aquí y lo que se inundó en la ciudad vecina. De los más de 2.000 evacuados de la ciudad que podría haber estado protegida en Paysandú y de los cero evacuados en la parte protegida de Concepción del Uruguay. No podía creer cuando yo le contestaba que no, que no y que no.
Entonces reprimiendo la frustración y la vergüenza, me senté a escribir estas líneas, seguro de que nunca le vamos a poder retribuir de la forma adecuada a esos amigos, el esfuerzo realizado.
Porque la única forma de retribuirles es, al menos, reconocer su esfuerzo y considerar la oportunidad que nos da la ciencia de corregir esta nueva realidad que está destruyendo una parte importante de la ciudad.
Espero que esa constante calamidad, tomada por los sanduceros con una incomprensible resignación, no siga destruyendo también su espíritu, porque el mío viene muy golpeado.