Escribe Margarita Heinzen
En los días pasados dos discursos que tienen que ver con la literatura y el trabajo del escritor han “sacudido” el ámbito de la cultura: el de Cristina Peri Rossi al recibir el Premio Cervantes, leído por Cecilia Roth, y el del escritor Guillermo Saccomano al inaugurar la 46° Feria del Libro de Buenos Aires (FILBA). Dos discursos comprometidos con la realidad que hablan de mucho más que de libros.
El reconocimiento a Cristina Peri Rossi nos llena de orgullo como uruguayos. Es el tercer compatriota en recibir este premio y la segunda de las seis mujeres que lo han hecho. Más de la mitad de los 43 Cervantes entregados corresponden a escritores españoles, seis a mexicanos, cuatro a argentinos, 3 a uruguayos y el resto a escritores de diferentes países de América Latina. Empecé por decir que el reconocimiento nos llena de orgullo pero no puedo dejar de pensar que la selección está dotada de una neta mirada eurocéntrica, ya que los tres uruguayos premiados vivieron y difundieron su obra en España. De todos modos, como dijo la propia Cristina, más allá del reconocimiento, el premio también sirve para “pagar el alquiler”, cosa no menor para un escritor, como lo trajo a colación Guillermo Saccomano al inaugurar la Feria y reclamar que se le pagase por hacerlo.
El jurado del Cervantes destaca en el trabajo de Peri Rossi una de las mayores vocaciones literarias y un denodado trabajo con la palabra, a la vez que reconoce su lucha por la condición de la mujer y el ejercicio libre de su sexualidad. Elementos todos presentes, no solo en su obra, sino también en su discurso. El último libro de esta autora se titula La Insumisa y es un relato autobiográfico. Más o menos desde el mismo lugar de la novela arranca su discurso y en él también demuestra su condición de insumisa. Más allá que no es un discurso desagradecido, es un discurso contestatario y potente. Comienza por recordar todo lo que América ha hecho por Europa: recuerda las guerras, recuerda cómo Uruguay recibió a quienes huían de ellas, cómo se fueron formando las familias uruguayas y cómo ya entrado el siglo XX, aún llegaban a Uruguay emigrantes (exiliados) de uno y otro bando, de la Guerra Mundial y de la Civil Española. “Europa no existe”, le enrostra para empezar al propio Rey de España y a los miembros de la Academia y califica su propio exilio como el pasaje de una dictadura de la que escapa a otra que la recibe. En pleno contexto actual de guerra, Peri Rossi se planta en que los motivos de las guerras siempre han sido el ansia de poder y la ambición económica, atributos típicamente masculinos, e incluso cita a Paul Valéry con su conocida frase de que: “La guerra es una masacre de personas que no se conocen en beneficio de personas que se conocen pero no se masacran”. Del mismo modo, Saccomano tampoco le huye al tema de la guerra y el lugar que ocupa en los medios. Expresa que según The Guardian, los millones de fugitivos de los desastres climáticos son muchos más que los millones de refugiados por los 16 conflictos bélicos que existen en la actualidad. Sin embargo, tienen bastante menos prensa.
El discurso de Peri Rossi se adentra luego en su compromiso con la literatura y con la vida y para ello se mete de lleno en El Quijote, dado el ámbito en el que se encuentra, para enhebrar tres de sus luchas vitales: la condición de mujer, la lucha por la justicia y el derecho a ser diferente. Se detiene en aquellos capítulos en los que habla Marcela, con quien se identifica. Este personaje, capaz no tan comentado de la obra cervantina, es una mujer codiciada por los hombres por su belleza de lo que ella reniega. En el siglo XVII rechaza a los hombres, al matrimonio y reclama la igualdad entre los sexos. Peri Rossi destaca que Cervantes es de los primeros en desacralizar la belleza como único atributo de la mujer y lo reconoce desde ese lugar, lo que resulta novedoso y provocador.
Luego, invoca al renombrado hidalgo cuando recuerda que ya en su infancia, a pesar de que el mundo parecía muy peligroso fuera de Montevideo, las vecinas de su abuela recibían tremendas palizas de sus maridos o padres o las dejaban sin dinero por timbear. “¡Cómo deseaba que llegara Don Quijote a restablecer la justicia y a liberarlas de los malos tratos!”, exclama Cristina en la voz de Cecilia, en medio de la ceremonia.
Por último, se llama a sí misma Quijota, en un juego de identificación, ya que muchas veces la locura ha sido la razón que se invoca para excluir a quienes representan verdades incómodas.
De este lado del Atlántico, Saccomano, al que no creo que llamen loco aunque dudo que vuelvan a invitarlo a la FILBA, se enfrenta a los propios organizadores del evento que lo convoca al manifestar que: “Decir Feria implica decir comercio. Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura aunque la misma se adjudique este rol”. Entiende entonces, que en un lugar comercial como la Feria corresponde exigir que se le pague por su trabajo. Reivindica su participación como un trabajo intelectual y lo logra, pasando a ser el primer escritor al que se le paga por decir el discurso inaugural. “¿Acaso hay un afuera de la cultura de la plusvalía?”, se pregunta en pleno predio de la Asociación Rural Argentina, institución que califica como “instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros”. Nada que agregar.
Reafirmando su compromiso con la literatura, al igual que Peri Rossi, Saccomano cita al irlandés Terry Eagleton para sostener que la teoría literaria es teoría política y que nuestra literatura desde sus orígenes está signada por la violencia política: el indio, la mujer y el inmigrante son las víctimas y han sido y siguen siendo muchas veces escamoteadas. “Si escribimos no podemos jugarla de inocentes. Si me remito a los versos de John Donne queda claro por quién doblan las campanas. Doblan por nosotros”.
“Convertí la resistencia en literatura”, declara por su lado Peri Rossi en la voz de Cecilia Roth y se sienten los entrecruzamientos entre la autora y la lectora: ambas mujeres que debieron dejar el país, hijas de inmigrantes, tal vez etiquetadas por sus elecciones de vida. Esa resistencia, convertida en literatura significa un compromiso total con la realidad, como lo hace casi en simultáneo Saccomano, mucho más acá.
Cristina, además, recupera el valor de la literatura cuando expresa: “No necesitamos duplicar la realidad sino ironizar o interpretarla”. Para agregar: “yo escribo en parábolas para que el que quiera entender que entienda”.
