Darío Rodríguez

Quienes andan en los medios de comunicación “alternativos”, cualquier sea el formato, saben que siempre es difícil darles continuidad y ofrecer un producto profesional; de calidad. Ni hablar, salvo excepciones, si se está fuera de Montevideo.

Uruguay cuenta con infinidad de medios y/o propuestas de altísima calidad; muchas veces sin las mejores condiciones. Tener una línea editorial independiente de los poderes formales y fácticos hace a la esencia periodística.

En tal dirección siempre es problemático transitar tal andarivel. Curiosamente los que tienen dificultades son los medios o programas que cuestionan, no así los que aplauden y blindan los gobiernos de turno (nacionales/departamentales) ni se meten con los poderes reales, multinacionales, millonarios, etc. En el interior, siendo necesarios, donde todo el mundo se conoce es más complejo hacer periodismo. En tal contexto hablar de libertad de expresión es algo complejo.

Tras casi 25 años de ofrecer una alternativa a los minuanos, (nació el 26 de abril de 1997) editó su último ejemplar el pasado sábado 26 de febrero el semanario Arequita. La publicación, un clásico de los sábados serranos, ofrecía un buen producto bajo el comando de Álvaro y Luis Rodríguez; herederos de una pasión paternal, de “pluma afilada”, que asumieron con devoción y verdadero compromiso. Luis María Rodríguez Bentancor, el mentor del semanario, había dejado en buenas manos una propuesta útil y necesaria para los vecinos/as minuanos/as. Abundan anécdotas sobre el esfuerzo que semana a semana realizaban los hermanos Rodríguez, casi huérfanos de apoyos. La bronca, que debe traducirse en acción, lleva a considerar que en condiciones iguales a los medios comerciales las propuestas “alternativas” se despegarían con holgura.

Aunque no es suficiente, las publicaciones del interior reciben un subsidio extraído de la venta de pasajes aéreos. La pandemia que cerró por tiempo fronteras y limitó vuelos fue un tiro de gracia. Cuando Arequita cobró subsidio lo hizo fuera de fecha y con recortes. Las empresas del Estado, incluso bajo gobiernos frentistas, “no pudo” escapar a la presión de medios hegemónicos y no tuvo una política publicitaria hacia donde radica la mitad del país. Por otra parte, las Intendencias u organismos con radicación local usan la pauta publicitaria según sea o no correligionario el destinatario. Con cierta ironía, Álvaro expresó: es “el tiro de gracia que le debemos a Azucena”. Silenciosamente las voces alternativas se apagan, al tiempo que se refuerza el statu quo comunicacional que “muestra ocultando”, acalla voces intentando consolidar una propuesta política regresiva.