Escribe Darío Rodríguez
La pregunta central es ¿qué hizo el FA para sostener el gobierno departamental?
Las elecciones nacionales dejaron claro que a un gobierno no lo sostienen solamente buenos resultados; es imprescindible ganar la cabeza y el corazón, particularmente de los sectores más postergados. En las ciudades litoraleñas, en sus capitales departamentales,-aunque se podrían desagregar datos-, la izquierda tiene mejor desempeño que en el interior profundo y ahí está la madre del borrego.
Muchas propuestas, históricamente se han sostenido en base a tradiciones, manejo aceitado del aparato del Estado y una fortísima dosis de clientelismo. Política alentada y/o tolerada en los gobiernos departamentales bajo la cobertura de la autonomía. La gente, durante décadas, fue educada políticamente en la idea de ser un cliente y no un ciudadano. Esta lógica se aplicaba al vínculo de los vecinos con la Intendencia. Innumerables ejemplos se podrían citar relacionados a deudores contumaces, quita de multas, ingreso a la Institución, etc. Toda esa “educación”desprestigió la política, aunque vive y lucha. Aquí la izquierda debe hacer un “mea culpa” por no dar con vigor esta batalla cultural.
En la actual coyuntura se suma el acceso al gobierno nacional de la derecha que puede generar un fenómeno de arrastre electoral al disponer del aparato del Estado y su logística para potenciar candidaturas a las Intendencias, aquí y allá. El Partido Nacional cuenta con tres candidatos; uno de ellos, reelecto diputado que viene trillando todo el departamento y ha sembrado de cartelería el territorio. La gestión del FA en la Intendencia sanducera tuvo, a su favor, un gobierno nacional del mismo signo que no discriminó a ninguna.
Ahí está en proceso el proyecto en la Ex Paylana, -una iniciativa de altísimo impacto socioeconómico y transformadora en clave democrática de la ciudad-, las obras de acceso al Puerto, múltiples urbanizaciones y la apoyatura a la consolidación territorial de la UdelaR. Hoy, hijos de trabajadores cursan carreras universitarias, antes un privilegio de sectores en mejores condiciones. Son cosas tangibles que hacen a la “pública felicidad” y a la “dignidad arriba y regocijo abajo”. Se puede listar, además, la ciclovía en Ruta 90, la recuperación del Astor, de las principales arterias y lo que se generará con un futuro Parque Municipal remozado.
En perspectiva se pueden pensar los temas turísticos y de desarrollo del departamento, aprovechando sus potencialidades que serán señales inequívocas de vigorizar, en apuesta colaborativa, los distintos Municipios. Bien interesante parece ser el aliento a emprendimientos e iniciativas con una impronta regional, como por ejemplo el Corredor de los Pájaros Pintados. Facilitar propuestas que mitiguen el creciente desempleo puede ser una encomiable tarea, al igual que defender capacidades instaladas. Tener líneas de desarrollo que fomenten el cooperativismo es doblemente clave: por un lado para impactar en las políticas de empleo y, por otra, alentar prácticas asociativas que generan ciudadanos.
Como se sabe, el FA presenta tres opciones electorales; todas ellas muy potentes, pudiendo exhibir además de logros tangibles una conducta de accionar público lejos de nepotismo, episodios de corrupción o desvíos. La ética en la actuación y uso de los dineros públicos sigue siendo un capital insustituible.
No obstante, fue una gestión que ha sido criticada -por propios y extraños- y no ha tenido, tal vez por la propia lógica política local, un buen vínculo con los municipios; todos opositores. No se debería hacer lo que se cuestiona, esa suerte de ninguneo permanente. Políticamente es discutible el pasaje de la gestión de las Termas de Almirón a la Intendencia. Lejos de acumular en lugares de mayor hostilidad, facilita el discurso opositor. Quizás los propios han cuestionado la integración del gabinete y cierto desvinculo de los gestores con la interna partidaria. No es menos cierto que la forma de actuar ha sido el sello del FA, donde los electos adquieren autonomía partidaria. Debe haber un vínculo fluido, aceitado, sin que ello obstruya gestión.
En un departamento donde pesan enormemente las tradiciones y coexisten, en armonía, a veces, en conflicto otras, con factores modernizantes, la fuerza política debió realizar un trabajo constante, militante, en cada rincón, en especial en los sitios más hostiles (conservadores) a las posiciones progresistas. No basta con realizar obras, inaugurarlas y difundirlas. Una de las diferencias es el trabajo político en territorio que no debe confundirse con la gestión; si complementarse. Ver zonas de las ciudades, donde los derechos escasean y sobra pobreza, impregnadas de cartelería de candidatos de la derecha interpelan al progresismo. Por otra parte debió incorporar con mayor determinación otros espacios comunicacionales; en ésta materia muchas veces se puede mostrar “ocultando”. No puede suceder que para algunos medios, que no ocultan su posicionamiento ideológico, sea una peripecia contar con apoyo del gobierno departamental; muchas veces proclive a seguir ciertas inercias instaladas y “verdades” reveladas en la materia. No se trata, seamos claro, de excluir a nadie, por el contario, posibilitar amplitud de miradas.
Es bien interesante, y no tiene nada de abstracción o de elucubración de expertos, el debate en torno a la “ciudad democrática, inclusiva”.Aquí la actual gestión vivió en forma contradictoria el lento cambio de paradigma de la otrora ciudad expulsora de gente, a la incluyente. Al tiempo que exhibía un equipo técnico-profesional comprometido, competente, usufructuaba conocimientos e interactuaba con otras realidades, observando la ley de ordenamiento territorial y desarrollo sostenible, favorecía la instalación de barrios privados y la especulación inmobiliaria. Basta darse una vuelta por los alrededores de ruta 90.Mientras el FA a nivel nacional desalentaba políticas territoriales segregadoras, de huida de ciertos sectores a zonas rurales, enmarcada en pura especulación inmobiliaria, en Paysandú se las alentaba. Ello sin que la fuerza política se pronunciara. Por el contrario el proyecto integral en la ex Paylana va en sintonía con las políticas impulsadas desde el 2005 de fuerte integración socioespacial. Mucho de este debate hay en torno a la discusión del fideicomiso y otras propuestas que hacen al uso de la ciudad y del suelo fiscal. En estas materias radica buena parte de las políticas a la cual un nuevo gobierno progresista debería apostar.
Foto de Sofía Cuevasanta.
