Viaje Ruanda-Congo: mi personalidad periodista entrevista a todas mis demás personalidades.

 

El Lic. Julio César Boffano es sanducero y periodista especializado en temas de migración, profesor universitario de comunicación corporativa en ORT. Fue religioso y sacerdote jesuita durante 17 años. Actualmente, está haciendo un Máster en Educación y es consultor y asesor en comunicación en varias organizaciones.
Fue uno de los periodistas que viajó invitado por el Ejército para conocer las Misiones de Paz en el Congo. Recién llegado de semejante experiencia, nos cuenta algunas peripecias y aprendizajes. Aquí nos comparte su experiencia.

¿Cómo fue que te vinculaste para ir a la República Democrática del Congo (RDC)?

Hace unos años, en el programa Vaivén de Radio Sarandí, entrevisté al Coronel Yamandú Lessa (Jefe del Departamento de Comunicación Social del Ejército) y a otros soldados que habían participado en las Misiones de Paz. Me di cuenta de cuánta ignorancia tenemos en Uruguay sobre esto y sobre lo que hace la ONU en los diferentes países. Al mismo tiempo, hay muchos prejuicios con la participación o no de los uruguayos en las fuerzas de paz. Prejuicio en el sentido de opinión previa, desfavorable de algo que no se conoce o se conoce poco.
Hace un par de años, Lessa me invitó a participar en uno de los viajes con periodistas, pero en ese entonces yo era Director de Comunicaciones de UTU y prácticamente vivía en la oficina; no podía irme.
Más adelante, invité al equipo de Comunicación del Ejército a una clase en la ORT; surgió con los alumnos el tema de las Misiones de Paz y la posibilidad de participar en una, la que finalmente se concretó este año; lamentablemente hubo lugar solo para una alumna pero espero que esto sea solo el inicio. Yo siempre les digo a los estudiantes que salgan un tiempo de Uruguay para estudiar o hacer algún tipo de experiencia porque solo uno reconoce su propia cultura cuando se enfrenta con una diferente.

¿Por qué te parece importante la participación con alumnos de comunicación?

En primer lugar, por la experiencia humana. Nadie vuelve igual después de ver y conocer algo nuevo y diferente y eso es una gran riqueza. Si uno es mejor persona, será mejor profesional. En comunicación se trata de ser puentes, salir de uno mismo para ir al encuentro del otro y contribuir al bien común. La mayoría de los problemas que existen pueden resolverse con una buena gestión de la comunicación. Todos estamos vinculados permanentemente a diferentes organizaciones. Dedicarse a Comunicación Corporativa, implica entender a la organización con una mirada profesional, desde una perspectiva general y también una más concreta en cada ámbito de actuación, para ayudarla a ser coherente entre lo que dice y hace. Esta experiencia (incluso con lo que nos pasó de tener que quedar una semana en Ruanda) puede ser muy rica en todos los aspectos y a mí por lo menos me va a ser de utilidad para analizar algunos de ellos en las clases y el rol del Ejército como Organización, su Identidad e Imagen corporativa y el estilo de gestión de comunicación ante un error o un inconveniente, por ejemplo.

¿Qué nos podés contar sobre la vivencia en Ruanda?

Bueno, en primer lugar es de Perogrullo decir que no era la intención de nadie estar una semana en Ruanda. La idea original era ir a la RDC, y aprovechar todo el tiempo allí para hacer nuestros trabajos y conocer y difundir el del Ejército. Dicho esto, yo soy una persona que por diferentes situaciones de mi vida he aprendido a aprovechar el presente y adaptarme fácilmente a las circunstancias y vivirlas. Lo mejor fue el grupo humano que se creó entre casi todos los que fuimos. Nos conocimos, nos soportamos, nos apoyamos de diferentes maneras ya que cada uno maneja la frustración como puede y terminamos queriéndonos.
Entonces, salimos de Uruguay para estar dos semanas en el Congo -es una oportunidad para conocer de cerca el trabajo del contingente uruguayo y las zonas de conflicto, siendo veedores que luego comunicarán lo visto y vivido-, pero hubo un error con las visas y nos tuvimos que quedar varios días en Ruanda. Estuvimos en Gisenyi, una ciudad de un poco más de 100 mil habitantes fronteriza de la RDC. Conocimos, caminamos, hablamos con la gente que siempre fue súper amable e incluso disponible a conversar sobre diferentes temas como por ejemplo el genocidio o holocausto de Ruanda. En esos días que estuvimos se recordaba los 22 años del exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hutu de Ruanda. Un tema muy delicado pero del que hablan y hablar siempre es terapéutico. Obviamente que no significa que esté todo reconciliado pero para nosotros, que todavía tenemos pendiente resolver temas sobre la pasada dictadura militar, ese testimonio, esa actitud, es muy reveladora.

Ruanda es uno de los países más limpios del mundo. Desde el 2007 están prohibidas las bolsas de nylon y nadie tira basura en la calle. Por ley, el último sábado de cada mes los mayores de edad están obligados al umaganda: la limpieza colectiva de la ciudad en la que también tiene obligación, como todos, el Presidente. Envidiable para nosotros en Uruguay que somos muy poco cuidadosos con este tema.
Me quedé con la sensación que el gobierno es un poco autoritario y además sabemos que Ruanda es el principal exportador de coltán (el oro negro utilizado para fabricar celulares, computadoras y video juegos) pero no tiene ese mineral, es decir, que lo extrae del Congo. Desde este punto de vista, se pueden entender muchos de los problemas de las guerrillas. Y, además, esta situación deja en evidencia una fuerte contradicción: quienes compran el coltán son los países más ricos del mundo generando de alguna manera complicidad con esta situación de violencia. Como en tantas otras cosas, todos tenemos una cuota de responsabilidad.

Cabe destacar que, en general se podía iniciar una conversación cuando relacionaban Uruguay con Luis Suárez.

¿Y finalmente pudieron entrar a la RDC?

Sí, por suerte, aunque solo estuvimos 36 horas. En lo personal, me llenó el alma. Es importante precisar que en tan poco tiempo es imposible hacer un buen trabajo periodístico. No se trata de sacar algunas fotos y prender un grabador: primero hay que contactar con la gente, conocerlos… y eso lleva tiempo. Ni que decir de los que trabajan para televisión, dos minutos de programa puede llevar dos días de trabajo. Quiero decir esto porque entiendo la frustración de muchos colegas y porque en general la gente no sabe estas cosas. Todos íbamos con muchas expectativas que no se concretaron y la espera en Ruanda nos condicionó porque no teníamos claro cuándo se resolvería y siempre esperábamos que si no pasábamos hoy, pasaríamos mañana. Cada uno respondía a la incertidumbre y al estrés como podía, pero a todos nos generaba, lógicamente, una situación de violencia interna. Como ya dije, aprovechamos y pasamos bien en Gisenyi, pero para nosotros no poder entrar al Congo era un problema.
De todos modos, hay algo muy positivo de parte de la RDC: el error de las visas era justamente eso, un error; pero como en cualquier país, si no tenés visa, no entras. Si uno piensa que las Naciones Unidas están allí para ayudar a que ellos hagan las cosas bien, dicho en modo bruto, está bien que no nos dejaran entrar, más allá de la frustración que nos generó. Creo también que la cercanía a las elecciones en la RDC ha creado una animosidad hacia las fuerzas de las Naciones Unidas y esto también influyó. Es una sensación absolutamente personal y sobre la cual habría que profundizar mucho más.

¿Qué nos podés contar sobre el Congo?

Sería un atrevido si digo que conozco el Congo. Pero mi «vínculo» con el Congo no es nueva: he hablado con mucha gente, he leído, tuve amigos congoleses cuando fui sacerdote jesuita y algunos compañeros de clase cuando estudié Teología y Ciencias Sociales en la Universidad Gregoriana de Roma. Entonces, sí puedo decir que el Congo podría ser el país más rico del mundo pero hay países ricos que se aprovechan de esto y por eso es muy difícil la situación. Hay extrema pobreza y riqueza extrema. Las mujeres y niños son en general las que más sufren y trabajan, si son violadas las culpan y hay niños literalmente tirados en las calles. Esto nos tiene que hacer preguntarnos muchas cosas sobre nuestras políticas y Uruguay ahora que forma parte del Consejo de Seguridad de las Naciones unidas no puede callar lo que se sabe. Me refiero a grandes temas como la violencia sexual y de género, la explotación de la riqueza de la RDC y la complicidad de los países ricos que forman parte de las Naciones Unidas, los niños soldados, el rol de la cantidad de Organizaciones de la Sociedad Civil en el lugar y no siempre con la mayor transparencia en su accionar, etc.

¿Conociste el trabajo del Ejército uruguayo?

La respuesta del inicio de la pregunta anterior podría ser la misma. Ya conocía algo por la gente que entrevisté en el programa de radio y por los colegas que han viajado en otros años. También por el grupo de Facebook «ACORTANDO LEJANÍAS». El Ejército participa en las Misiones de Paz de la ONU por mandato del Poder Legislativo. Su compromiso es con los derechos humanos y la seguridad, la ayuda humanitaria, el desarrollo y el derecho internacional. Esto, como sabemos, puede ser (y es) discutido; de hecho en Uruguay hay gente que no está de acuerdo con argumentaciones válidas o aun sin saber lo que se hace.
Yo quisiera destacar el trabajo extra, voluntario, que hacen muchos integrantes del contingente en varios lugares del Congo, contando una anécdota.
Cuando fuimos al Orfanato Amour, hay un cartel afuera que dice: «Amor para reconstruir la esperanza». Al grito de «Uruguay, Uruguay» nos recibieron los niños del Orfanato gestionado por jóvenes también huérfanos. Ellos comen y se visten gracias al voluntariado que hacen muchos integrantes del Ejército. No forma parte de la misión ni es obligación hacerlo. Lo hacen por amor. El director del lugar en una entrevista dijo que quería agradecer al Ejército uruguayo y a todos los uruguayos porque si ellos comen y tienen ropa es gracias a «todos nosotros».
Es un Orfanato muy pero muy pobre y con grandes carencias, aun así para esos niños el lugar y la gente que los atiende son su posible única salvación.
En un determinado momento me puse a llorar. Me niego a acostumbrarme, hay cosas a las que nadie debería acostumbrarse.

Luego fuimos a otro Orfanato de nombre Tulizeni para niños huérfanos y para niños y mujeres violadas gestionado por una monja colombiana de esas de sacarse el sombrero: Georgette Posada. Nos acompañaron algunos de los soldados que luego de 13 meses se volvían con nosotros para Uruguay. Solo quien ha vivido la migración puede saber lo que significa volver a casa y, sin embargo, vi llorar a los soldados por tener que dejar a esos niños en el Congo. Me queda por ejemplo la imagen de Fiorella y de otro soldado llorando en el Orfanato preocupados por el futuro de esos «ahijados», y a Georgette reasegurándoles que estarían bien.
En el viaje de vuelta, conversé con varios soldados que retornaban felices a Uruguay pero algunos me dijeron: «igual ya estoy pensando en volver al Congo por mis niños de acá». No solo hay una cuestión económica, ya que sabemos que un soldado en Uruguay gana la miseria de 13 mil pesos e ir a Misiones de Paz le puede significar comprarse un terreno o construirse una casita: muchos de ellos creen en lo que hacen y se comprometen con los más pobres que en general son mujeres y niños. Yo no soy ningún «miliquero»; como todos, tengo prejuicios por lo que vivimos en Uruguay, pero soy filosóficamente independiente e intento tener una mente abierta. Lo que digo de los soldados no es solo una sensación, se repite en todos los lugares que han estado los uruguayos en misiones de paz. Nunca entro en esa falsa dicotomía que en Uruguay también hay cosas para hacer, primero porque cada uno hace lo que puede y sobre todo porque la pelea por los derechos humanos no tiene límites territoriales. Tampoco, mucho menos el amor, por los más desprotegidos.

¿Tenés algún proyecto luego de esta experiencia?

Contarla como lo estoy haciendo e integrarla a la clases si corresponde, pero me encantaría hacer una investigación sobre cómo cambia humana y profesionalmente la experiencia de misiones de paz en los soldados y la incidencia que este cambio puede tener o tiene en el Ejército. Ese es mi campo profesional y posiblemente a alguien le interese que lo haga o lo haré si puedo.

¿Y para la radio?

Ya no existe más el programa Vaivén desde que no pudimos seguir pagando el espacio a la Radio y no conseguimos publicidad; yo lo hacía gratis por militancia del tema. Ahora estoy en conversaciones con otra emisora que estaría interesada en un programa de este tipo, ya que no hay mucho sobre migración en general. Y sí, por supuesto que tengo mucho material e historias que contar y escuchar.

¿Volverías a la RDC?

Todas las veces que pueda y todo el tiempo que pueda. Yo tengo una vocación de servicio y no es solo por lo que yo pueda hacer, sino por todo lo que sé que se recibe cuando te ponés en el lugar de los demás y ayudás a alguien. Ante la discusión sobre si hay que estar o no en las Misiones de Paz yo tengo mi respuesta: solo si ayudás a un niño a no morir en la calle, a dejar las armas o a que una mujer menos sea violada, ya valió la pena.
También hay gente que te dice que con eso no se arregla nada y que hay que luchar por cambiar el sistema. Otra falsa dicotomía, yo pienso en la Parábola del Buen Samaritano, una pieza clave de una de las obras literarias más famosas del mundo: la Biblia. El cuento es que un hombre fue asaltado en la calle y lo dejaron casi muerto. Pasaron muchos por su lado y lo ignoraron hasta que pasó un samaritano y se la jugó, tuvo compasión y lo cuidó, lo curó y lo ayudó a recuperarse. El tipo no dijo «vamos a esperar a cambiar las estructuras de las injusticias del mundo capitalista», hizo algo concreto para empezar a cambiarlas.

¿Todos los periodistas estarán de acuerdo con tu visión?

Espero que no porque somos diferentes y aceptar y respetar la diferencias fue lo que nos enriqueció. De eso grupo nació una amistad, luego de discusiones, posturas diferentes, mucha charla y sobre todo la capacidad de reírnos de nosotros mismos, nos queremos. Tenemos un grupo de whatsapp que le llamo «el Grupo de los Eles» para reírnos de nosotros mismos varados en Ruanda. Una de las etimologías de «Eles» es El o Ela un lugar donde se sitúa la lucha entre David y Goliat. Allí la dinámica grupal (que también se estudia desde la Comunicación Corporativa) nos permitió encontrarnos con nuestras propias fortalezas y debilidades y esa lucha entre nuestros David y Goliat se fueron rotando y permitieron que canalizáramos la frustración de no poder estar en el Congo con charlas profundas y mucha risa de nosotros mismos. Para mí el año 2015 ha sido uno de los más difíciles de mi vida. No importan los detalles, pero quiero agradecerle al Grupo de los Eles por haberme hecho reír de mí mismo.

Con ellos ya nos estamos organizando para ayudar los dos orfanatos que conocimos y darle una continuidad a esta experiencia. Con 150 dólares por ejemplo, pagás todo el año de educación de un niño y además los útiles escolares. Educar a un niño puede significar una violación menos y, a largo plazo, un país mejor. Todos tenemos amigos que pueden donar ropa, medicamentos y dinero. Lo estamos organizando y sabemos que otros que han ido en años anteriores se unirán en este aporte para no olvidar y para que los próximos civiles vayan mejor preparados y tengamos una continuidad del trabajo voluntario de muchos integrantes del Ejército uruguayo, civiles de diferentes profesiones y también los periodistas que hemos tenido la oportunidad de ser invitados a conocer esta realidad en los últimos 12 años.

Se trata de peregrinar, encontrarnos en tierras extrañas y con nuestras propias extrañeces.

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