Escribe Angie Pedreira
Habemus LUNES, respiro profundo y una vez más, LUNES.
No es que mi ubicación en esta lista espléndida de tiempo organizado en DIAS de algo llamado semana, me mantenga alerta, pero sí, es aleatoriamente cierto que no entiendo por qué, pero el LUNES me frustra y entorpece.
Después de la resaca dominguera, el toc toc empieza a sentirse liberalmente liberado y la cabeza comienza a limpiarse del karma maligno-semanal. Cuerpo y alma se alinean en una suscripción que tarda en llegar, pero llega. Y ahí, estás vos, lunito mío, que llegás en cuatro ceros alineados y te expandís perezosamente por unos-y me quedo corta-cinco amaneceres más. Llegás con dureza y tierna crueldad, chaveando, como sin querer queriendo, tomás asiento y te instalás, te dilatás y materializás en una formidable eyaculación vocal: “uff, es lunes”. Lo dice mi vieja, mi amiga de cuarenta y tantos, la hermana de la amiga de mi amiga, y Valentina, la hija del diariero. Lo digo yo, Juan, Pedro y no dudo que Donal Trump también lo diga.
Y ojo al piojo, que cuando digo resaca, no digo nochón de Blue y Rihanna y alcohol exageradamente extraviado por nuestras venas, cuando digo resaca me refiero a lo más ínfimo de la palabra. RESACA de jugar a ser yo por unos días o por unas horas y de dominguear hasta que las uñas se gasten. Comer, leer, dormir, ir al baño tranquilamente, merendar a cualquier hora, estar en PAZ, con los que querés, con los que amás,con EL AMOR DE TU VIDA, que sos vos mismo, claro. Tu fiel compañero de inseguridades y miedos, VOS.
Domingueando la vas sufriendo. Lavado de cara, mirada al espejo, como asilada e indecisa, como queriendo decir algo que parece impronunciable. ES LUNES.
¡Y qué lunes mamita! Lunes de parto. Parto prematuro de un añaso imantado en las entrañas de mí misma, que trae o al menos despierta en mi YO PROFUNDO, un trajín de sensaciones y emociones, lastimosas y alegremente vividas, otras tantas.
LUNES, de túnica blanca y moños azules, palpitando alegremente nuevos latires, nuevos corazones, nuevos amores. Lunes de gurises corriendo por los andares de allá y de acá, de caras redondas y expectantes, de almas sorprendidas y ¡eso!, el reencuentro, el mágico REencuentro, o para otros, el ENcuentro, con ese lugar, su otra casa, o, para algunos, su casa.
De cuadros amarillos y verdusqueados, de blanco y azul, de uniforme, en bici o a cuatro ruedas, miles de niños llegan hoy a ese lugar, LA ESCUELA. Ladrillos apilados, carteleras de colores, libros liberados; huele a lápiz y papel, a directoras y a nuevas normas de convivencia, que por norma general, siempre se acuerdan el primer día de clase, eso es matemáticamente predecible y socialmente archiconocido.
¡Si, morocha! Un año lectivo ha comenzado y miles de miradas se entrecruzan hoy por las aulas. No son ladrillos, no es lápiz ni papel, es olor a nuevas sensaciones y, aproximaciones a nuevos sueños, es destapar la olla de expectativas y empezar a escupirlas, prepararlas, triturarlas, y al fin, soltarlas. Por vos, por mí, por el que no labura ni estudia, por el que se droga a pata suelta, por todos. Por las letras y por la vida. Por el abecedario y por la tabla numérica, para escribir sueños y contar historias contablemente innumerables. Son miles de pulgares los que hoy aprietan para recordar cómo se hace la “c” de casa y la “v” de vaca en mayúscula y cursiva, o para saber cómo se resuelve la famosa regla de tres que Liliana, la VIEJA (INdespectivo y cariñoso apodo) del año pasado, nos recalcó tanto. Hoy todo eso confluye en un pizarrón compartido y en una sensación esperada y ansiada. Hoy nos conocemos, vos, yo, todas y todos, para capitalizar nuestro andar en compañía, de ese seres letalmente diferente a mí, pero igualmente igual si hablamos de momentos…
Y qué más da si Sendic es licenciado o no, y si el señor Eleuterio se digna en sus palabras y en su actuar; si Alejandro González se llevó el Óscar a mejor Director, o si el Manchester venció al Liverpool ¿Qué más da? Si miles de pancitas sienten cosquillas y estiran sus bocas, muestran sus dientes ¿qué más da? Si miles de ojos brillan de ilusión, de ansiedad natural, de palpitaciones de las buenas ¿Qué más da?
Habemus lunes,lunÓN.