A 185 años de la matanza de Salsipuedes

Por Ana María Barbosa *

El 11 de abril de 1831, a orillas del arroyo Salsipuedes, en el límite de los departamentos de Tacuarembó y Paysandú, en una horqueta donde se juntan el Salsipuedes y el Tiatucurá, donde se forma una laguna y hay un potrero rodeado de monte se perpetró la matanza de las tribus charrúas que en ese entonces ya estaban recluidas al norte del río Negro. Fue una encerrona, una emboscada muy bien planificada por quien conocía perfectamente el movimiento de los indios, en el lugar y la época del año más propicia para hacerlo, lluvia, arroyos crecidos, monte tupido. Casi podría decirse que fue el primer acto del naciente Estado de la República Oriental del Uruguay. No fue un encuentro casual, tampoco fue pergeñado por cualquiera. Lamentablemente el operativo militar fue muy bien pensado, la encerrona fue preparada por un antiguo compañero y amigo de los indios, el entonces primer Presidente Constitucional del Uruguay Fructuoso Rivera. Él consiguió, lo que expresó con sus mismas palabras: “lo que ocho virreyes no pudieron conseguir”, ultimar a los guerreros charrúas, aparte de sus familias y un claro etnocidio, separar a las madres de los hijos y cortar la transmisión cultural de la etnia charrúa.

Como todo hecho histórico hay que contextualizarlo en su época, lógicamente esta operación no fue solamente idea de Rivera, contó con el apoyo de los terratenientes y de la Asamblea General. En los documentos que quedaron se encuentra una carta de Manuel Oribe, en la que felicita a Rivera por el éxito obtenido en su campaña contra los charrúas.

Salsipuedes fue el inicio de una enorme campaña para el exterminio de los indios, le siguieron Queguay, el Infiernillo, Mataojo y otras, donde sistemáticamente se siguió asesinando y apresando a los charrúas, considerándolos enemigos del estado y una molestia para los vecinos, olvidando el aporte que habían hecho en las luchas libertarias junto a Artigas y al mismo Rivera.

En estos 185 años que han transcurrido desde aquel hecho, poco se ha investigado, incluso todavía hay quienes lo niegan, a pesar de los testimonios y de los documentos que ilustran cómo se planeó y se llevó a cabo. Otros, que ante la evidencia documental ya no pueden negarlo, intentan falsear la historia diciendo  que allí hubo una batalla, cuando en realidad fue una emboscada y una traición de Rivera a sus antiguos amigos.

Siempre lo decimos, es muy duro reconocer que el primer Presidente del Uruguay haya llevado adelante la matanza de los indígenas y más aún cuando la misma persona fue el fundador de uno de los partidos políticos más antiguos del mundo y que gobernara el país por 170 años casi sin interrupciones.

En 1841, durante el segundo período presidencial de Rivera, aparece el primer libro de historia del Uruguay, titulado “Historia del Territorio Oriental del Uruguay” de Juan de la Sota. Apenas a 10 años de Salsipuedes, cuando aún en la campaña sobrevivían las familias charrúas que no acudieron a la cita de Frutos, en la frontera con Brasil estaban los que habían huido y en las casas de Montevideo había muchos mozos y mujeres charrúas trabajando en el servicio doméstico de las familias pudientes, este libro dice por primera vez que no hay indios en el Uruguay y a partir de entonces esa frase se ha repetido constantemente tanto en el país, como fuera de él. Comenzó así el segundo genocidio, el histórico, que además ignora totalmente y de igual forma que a los charrúas, a los numerosos indios guaraníes y su descendencia en la población del Uruguay, porque si se ha tratado de invisibilizar a los charrúas también ha sucedido lo mismo con los guaraníes: “Uruguay un país sin el problema indígena”, así decía un eslogan turístico utilizado durante años en la promoción del Uruguay como destino turístico.

En la actualidad no hay que hacer un gran esfuerzo para reconocer que cada grupo humano puede tener una cultura diferente, y que eso no equivale a ser inferior. Los seres humanos ahora y siempre nacieron con los mismos derechos a vivir libremente en sociedad, lo que permitió que nuestra especie haya evolucionado hacia la universalización  del conocimiento y de la conciencia de su dignidad humana. Por eso seguimos proponiendo a los profesores de historia, y a los docentes en general, que se remitan a las investigaciones documentales sobre el tema de los charrúas. A veces se dice que no hay documentación, pero sí existe, hay que investigar. Hay viejos libros como La Guerra de los Charrúas” de Acosta y Lara, que sin reconocer tácitamente el genocidio de los charrúas, aporta todos los elementos para analizar con criterio científico la operación planeada por Rivera, aporta los documentos, los transcribe en su obra e incluso adjunta las referencias del lugar físico donde están. Obras posteriores, más revisionistas, como la de Eduardo Picerno, enfoca directamente el tema del genocidio y también aporta documentos (fotografías digitales de los mismos) que demuestran el hecho y abren una línea de investigación muy interesante desde todo punto de vista: histórico, sociológico, político, por donde cada uno quiera abordarlo.

En particular, debe conocerse que al principio de su vida constitucional, el Estado Oriental del Uruguay cometió un genocidio, aniquilando a la Nación Charrúa. Debe reconocerse además el etnocidio que se produjo al separar a los hijos de sus madres y a los hermanos entre sí, cortando de esa manera la transmisión cultural que naturalmente se da entre las generaciones y que hace a la permanencia de las pautas culturales, la conservación de la lengua materna, la espiritualidad y el contacto natural entre los pueblos del continente.

La matanza de Salsipuedes y el posterior discurso a partir de 1841, no son sólo eso, marcaron un antes y un después, nos apartaron de la identidad americana y un sector importante de nuestra intelectualidad se volvió europeizada, adoptó el no tener indios, el no ser indios, nos separó del resto del continente y nos fuimos formando en una educación que ignoró las raíces indígenas, americanas, hasta nos ha hecho creer que “venimos de los barcos”, y nos enseñó a despreciar a los pardos, a los mulatos, a las chinas, tanto, que hasta quienes marcan esa continuidad indígena en nuestro país, hoy se ven blancos, a lo sumo con raíces afro (esto en los últimos años), pocos se sienten indígenas o descendientes de indígenas, aún parece vergonzoso y feo ser indio en el Uruguay.

Pero hay una luz de esperanza, en el último censo de población un 4,5 % dijo tener antepasados indígenas y un 2% se autoidentificó indígena.  Sabemos que más de un 30% de la población del Uruguay tiene ascendencia indígena, por algunas investigaciones que se han realizado. Peo estos datos objetivos del censo, sin estimulación e ningún tipo, es un comienzo, al fin los pueblos siempre buscarán la verdad histórica.

Está aún en el “debe” el reconocimiento oficial del Estado uruguayo del genocidio charrúa, ya lo hizo respecto al genocidio armenio y el genocidio judío, pero lo propio, parece que a veces, cuesta más.

 

  • Directora de La Otra Voz de Tacuarembó

 

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