Con el jefe de Policía de Paysandú, Luis Mendoza
Más convivencia y menos represión

A tres meses de asumir, el jerarca evaluó positivamente los cambios operados. Reclamó que se denuncien los delitos, destacó el cambio en la actitud de quienes patrullan la ciudad y llamó a colaborar en las tareas de prevención. También manifestó su preocupación por la violencia doméstica y la explotación sexual infantil.

El comisario general (Retirado) Luis Mendoza, asumió el 17 de marzo último al frente de la Jefatura de Policía de Paysandú. En diálogo con 20Once, recordó que su designación se resolvió luego que el Consejo de Ministros recibiera a varias organizaciones preocupadas por el tema de la inseguridad. Tras ese encuentro, dijo Mendoza, el ministro del Interior Eduardo Bonomi decidió el envío de efectivos de la Guardia Republicana. En segundo lugar, el secretario de Estado resolvió la contratación de cincuenta policías, más allá de las 29 vacantes ya existentes en la Jefatura de Policía, originadas en ascensos, cesantías y retiros. Para cubrir esos 79 cargos se presentaron 732 aspirantes, “algo nunca visto” destacó Mendoza.
“Es la oportunidad de un trabajo seguro, y hay que reconocer que en los últimos años los salarios en la Policía han aumentado” agregó el jefe de Policía. Explicó que cuando asumió en la Jefatura, aclaró que sería un Comando “de puertas abiertas”. Ni bien comenzó sus funciones recibió varios pedidos de entrevistas, y “lo primero que recibí es que la gente venía acá enojada con la policía” destacó. En una de sus primeras declaraciones públicas, Mendoza había dicho que no le gustaba “hacer despacho” sino conversar con los vecinos y recibir las inquietudes de la población. “La gente me comentaba que no confiaba en la Policía, que tenía sensación de inseguridad” indicó, “sí había recibido muy bien a la Guardia Republicana”.

Cambios en el patrullaje

“Empezamos a recorrer unidades policiales, encontré buenos policías, pero también estaban en una especie de letargo. Ellos lo justificaban por muchos factores, no se sentían respaldados por la gente. Se habló mucho con los policías, les pedí que cambiaran la actitud, y asumieran un compromiso para tender un puente con la ciudadanía” explicó el jerarca policial.
Una vez realizado el diagnóstico de la situación, se adoptaron tres medidas: aumentar la presencia policial en las calles, la que debía ser disuasiva para que la gente se sintiera protegida y el delincuente no se anime a delinquir. La Policía también debe adelantarse a los acontecimientos para prevenir el delito, ya que uno de los problemas detectados, dijo Mendoza, es que “muchas veces se corría de atrás.”

Si conocés la cárcel sabés cómo está la ciudad

Debido a su labor en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), conocía la cárcel de Paysandú, que dependía de aquel. “Si usted conoce la cárcel, sabe cómo está esa ciudad” resaltó. “Conocí Paysandú por medio de la cárcel, lo que aprendí hoy me tiene que servir para planificar los operativos de comando, para planificar la política de seguridad de Paysandú” subrayó. “En la cárcel caen jóvenes que no tienen perspectivas, apoyo, que cuando salen no tienen a nadie que lo ayude, y son vulnerables para volver al circuito delictivo” explicó “yo tenía entonces una muestra de cuáles eran los delitos que se cometían en Paysandú”. La población de la cárcel se compone básicamente de jóvenes que habitan determinadas zonas, señaló, lo cual también constituye un dato importante a la hora de realizar tareas de prevención de delitos. “Le pedí a los policías que las labores de patrullaje sean proactivas. Cuando salí la primera vez nadie me conocía, y encontré a quienes tenían que patrullar charlando entre ellos, en otro mundo, desvinculados de la seguridad” y en lugar de sancionar a esos policías, optó por “educarlos” acotó el jefe de Policía. “Era un buen personal, con la moral alta, pero a veces precisa un padre que los guíe” precisó. “Podemos decir que en tres meses eso cambió” se entusiasma el funcionario. “Antes la gente me paraba en la calle y se quejaba, y hoy la gente está reconociendo el cambio”, a pesar que aún no hay más efectivos en la calle, son los mismos pero con otra actitud, sostuvo Mendoza. “Antes usted los veía recostados a la pared, arrastrando los pies o mandando mensajes por celular. Hoy eso cambió” ejemplificó. Dijo asimismo que actualmente la policía “entra a todos los barrios”, para lo cual “hay que acondicionar los vehículos. Yo recorrí los barrios, en algunos hay destrozos en la caminería y con un auto corsita no se puede entrar. Entonces se acondicionaron camionetas”. Para esas tareas de patrullaje Mendoza tiene la colaboración del capitán Custodio, quien cumplía esa función en barrios difíciles de Montevideo, como integrante de la Guardia Republicana. “Lo que hicimos fue levantar la autoestima, la moral del policía que debe realizar patrullajes, motivarlo, explicarle que es la cara visible de la Policía en la calle”, enfatizó el jerarca.

Mejorar convivencia y animarse a denunciar

“Los delitos han bajado” destacó Mendoza, basado en estadísticas mensuales. En enero llegaron a producirse más de cien hurtos de motos, el mes pasado fueron 70, y este mes ascienden a unos 40 los robos.
En Paysandú “hay graves problemas de convivencia” opinó “por eso es importante trabajar con la policía comunitaria”, manteniendo reuniones en todos los barrios. “La gente no sabe convivir, todo tiene que solucionarle la policía” señaló y puso el ejemplo de vecinos que se molestan por la música a volumen alto, y en lugar de hablarlo llaman a la policía para que lo solucione. “En todas las reuniones se quejan de los chiquilines, hay un choque de generaciones” continuó. Mencionó en tal sentido las quejas por la presencia de jóvenes en Plaza Artigas. “Yo hablé con jóvenes en la Mesa de Convivencia, organizada por la Intendencia”. Explicó que es un desafío que los jóvenes puedan fumar marihuana en las plazas, como la ley permite, pero que no se altere el orden público.
Otro problema es que la gente se queja pero no denuncia, por desconfianza en la Policía y en la Justicia. “No alcanza con decir que en tal lugar hay una boca de droga, porque yo a la justicia le tengo que llevar pruebas”.
Mencionó también que a diferencia de dos parejas anteriores del autor del incendio que provocó la muerte de los niños, la actual no lo había denunciado.
“No se denuncia” insistió el jefe de policía “y muchas veces cuando se denuncia es para pedir que el hombre se vaya de la casa, y el hombre no tiene a donde ir. “Se barre para debajo de la alfombra, porque en muchos estamentos de la sociedad es mal visto que pase eso, para no quedar pegados no denuncian” agregó “la gente vive en su mundito, ve que están robando al vecino y no denuncia”. Criticó además que se compren cosas robadas, lo que además de constituir un delito acarrea problemas a la sociedad: “La gente tiene que tener moral, códigos. Si reclamo por seguridad no puedo comprar cosas robadas”. A propósito de este tema se refirió al hurto de televisores de las vidrieras de dos comercios, coincidiendo con el comienzo de la Copa América. “El que los robó no era para comer, sino porque sabía que tenía quien se los compraría” apuntó Mendoza.

El otro Paysandú
Con respecto al abigeato, dijo que en las reuniones a las que concurre se encuentra con “dos Paysandú”. El interior del departamento tiene tres grandes problemas, explicó, los animales sueltos en la ruta, “lo que no es un problema de la policía, salvo cuando se atraviesan en la ruta y provocan un accidente”; los perros que muerden ovejas, y el abigeato. El jefe de Policía preside una comisión de seguridad rural, integrada por representantes de las gremiales agropecuarias, de la justicia, de la Fiscalía y de la Intendencia. “Acá se plantea el tema de dónde va la carne, porque antiguamente alguien con hambre robaba para la olla. Hoy hay muchos planes sociales, el MIDES, no se tiene necesidad de robar, pero hay una red comercial, que termina en el consumo de la carne robada, aunque no tenga seguridad sanitaria”. Recientemente se carnearon caballos y dos cerdos de la chacra policial, recordó. Uno de los autores del delito fue un ex preso, que conocía ese establecimiento rural, y la carne se encontró en posesión de una mujer que la había comprado para hacer embutidos.
En materia de prevención del delito, se trabaja en lo que se denomina “geo referenciación”. Las denuncias se cargan en una computadora, en el Sistema de Gestión de Seguridad Pública, mediante el cual se indican las zonas que requieren más patrullaje. Mes a mes se analiza esa información, para saber qué tipo de delitos se están cometiendo y dónde. “No se puede enviar policías simplemente por reclamo de la gente” precisó Mendoza, sino dónde los datos acumulados indiquen que es más necesaria. La Unidad de Respuesta Policial trabaja en forma coordinada con el servicio telefónico 911. Si la llamada se realiza desde un teléfono celular, debe digitarse antes el número 472 característico de Paysandú, de lo contrario la comunicación se recibe en Montevideo, lo que demora la respuesta al delito denunciado. “Estamos apostando al patrullaje y la respuesta inmediata” subrayó, lo que ha determinado la disminución de los delitos. Los casos más frecuentes siguen siendo el abigeato y el hurto de motos. Mencionó los avances en cuanto a la “mendicidad abusiva”, con cuicacoches que en realidad no lo eran, destacando la reglamentación de esa tarea que emprendió la Intendencia. Dijo que en muchos casos quienes cumplían esa tarea eran integrantes de REMAR, que abandonaban el tratamiento y permanecían en Paysandú. Hoy, en cambio, hay un registro de cuidacoches. También en el tema de los caballos sueltos, destacó la labor coordinada con la Intendencia.

Guardia Republicana

Mendoza aseguró que el convenio con el Ministerio del Interior, estableció que el trabajo de la Guardia Republicana en Paysandú es a término, y es la Jefatura de Policía la que decidirá cuando debe retirarse. Son 15 funcionarios que apoyan el patrullaje que realizan los efectivos policiales de Paysandú. Mendoza no determinó cuándo estima que finalizará esa colaboración. En cuanto a quejas por su actuación, sostuvo que no se han podido constatar los abusos denunciados. Ha habido casos que se remitieron a la Justicia, y los principales problemas surgen en las tareas de apoyo a los inspectores de Tránsito de la comuna. “Hay gente que estaba mal acostumbrada, que anda a alta velocidad, alcohólica, y se desacata al funcionario” aseveró “si la Intendencia no controla pasa lo que sucedía antes, muchos accidentes, motos sin matrícula, robadas, armadas con partes”. “Si se actuara con conciencia” no sería necesaria la tarea represiva, afirmó. “Se trata de hacer cumplir la norma, lo ideal es que no sea necesario que intervenga un inspector porque se cruzó el semáforo en rojo, pero no se respetan las normas de tránsito, es una cuestión de convivencia” remató. La población “tiene que colaborar” porque no es posible apostar solo a la represión, “ninguna ciudad aguanta eso, porque se crea un mundo resentido”. “A veces hay gente más asustada en relación a los delitos que realmente hay” opinó Mendoza. “No me tiembla el pulso al aplicar la ley, pero mi cometido principal es concientizar a la gente” insistió el Jefe de Policía. Hay barrios donde nunca había ido la policía a hablar, destacó. “El hurto de motos mermó porque ya no hay tanta gente que compra motos robadas. Hasta subió la venta de boletos de ómnibus, porque la gente prefiere no andar en motos sin papeles” apuntó.
Mendoza se refirió a la necesidad de prevenir no dejando las motos con las llaves expuestas en el espacio público, o artículos valiosos a la vista en el interior de los vehículos, por ejemplo. “La gente nota la baja en los delitos, ya no se queja tanto.

Violencia doméstica

El jefe de Policía expresó su preocupación por los casos de violencia doméstica y de explotación sexual infantil, con especial referencia al interior del departamento, donde “es un tema asumido, que la familia se gane unos pesos de esa forma” dijo en relación a un procedimiento reciente en Gallinal.

RECUADRO

Rehabilitación
Mendoza ingresó en la Escuela de Policía en 1975, de la cual egresó en 1977, haciendo toda su carrera en la Guardia Republicana. Desde 2012 estuvo al frente del Instituto Nacional de Rehabilitación, que había sido creado dos años antes en sustitución de la Dirección Nacional de Cárceles.
“Había que consolidar principalmente en cuanto al ingreso de operadores penitenciarios. El otro tema importante era que todas las cárceles del interior debían pasan al INR. La última en pasar a su órbita fue la de Florida, el año pasado. En ese proceso, de cuatro años, se incrementó el número de reclusos que trabajaban y estudiaban” indicó. Explico que la necesaria rehabilitación es dispar dependiendo del centro de reclusión. En algunos se han logrado avances, mientras que a otras “les está costando”. Agregó que se requiere en gran medida un “cambio de mentalidad” tanto de los funcionarios que trabajan en los establecimientos de reclusión como de los presos, y eso demanda tiempo, “porque venimos de donde las cárceles dependían de la Policía.” Con el INR, en cambio, se pasa de “un sistema penitenciario policial a uno civil, con gente especializada. Si bien también hay policías, en este proceso hay directores civiles, hay técnicos, y se está incrementando lo relacionado con la rehabilitación”, destacó el jerarca. Hay actualmente veinte centros penitenciarios. Entre los avances citó la creación de un centro de diagnóstico. Destacó que existen cárceles donde la mayoría de los internos trabajan, como es el caso de la Unidad 6 de Punta de Rieles, destinada a los penados. En Santiago Vázquez (ex Comcar) en tanto, es más difícil alcanzar ese cometido principalmente por problemas edilicios. “En un sistema penitenciario los cambios llevan su tiempo” sostuvo Mendoza. Resaltó también que el INR “ha trabajado en el tema derechos humanos” y que al respecto “ya no hay denuncias”. “Hay muchos aspectos para mejorar, es un proceso” añadió.
En materia de justicia penal, se avanzó con la creación de Juzgados de Ejecución, destinados con exclusividad a quienes ya han recibido una pena, mientras que dos tercios de la población carcelaria se compone de personas procesadas, o sea que aún no han recibido una sentencia definitiva.

• En la mañana del martes nos comunicamos para solicitar la entrevista y el mismo día fue concedida. A las 16.30 estaba pactada la misma pero arribamos a Jefatura 16.25 y nos recibió inmediatamente. Locuaz, verborrágico y ejecutivo se muestra el Jefe que al parecer vino para cambiar las cosas.
• El sueldo más bajo de un policía es de 23.200 que sumadas a las horas afectadas al servicio 222 puede llegar a 30 mil pesos. Una suma nada despreciable al día de hoy.