Escribe Graciela Paz
En 1970, los tupamaros mantenían en vilo al pueblo, al gobierno y las agencias internacionales, mientras se decidía la suerte de Dan Mitrione. Esta novela vertiginosa, con estatus de clásico, revisa hechos de nuestra historia reciente que conmovieron al mundo.
Un nuevo encuentro literario tuvo lugar en la Posta del Libro el pasado jueves con la presentación del libro “Una Historia Americana”, por parte de su autor Fernando Butazzoni.
Para hacer más valiosa la presencia de este escritor, guionista y periodista uruguayo nacido en Montevideo el 20 de marzo de 1953, ganador de varios premios internacionales de literatura y cine entre ellos el Premio Bartolomé Hidalgo en el año 2014, abrieron la convocatoria las profesoras de historia Carla Bernardoni y Nelly de Agostini con una afable e interesante introducción a la obra del autor y algunos detalles de esta su última creación.
A lo largo de su vida, Fernando Butazzoni ha asumido arriesgadas aventuras: en 1971 se sumó al MLN-T, al año siguiente se exilió en Chile, y al poco tiempo se instaló en Cuba. En 1978 decidió combatir en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, pero en medio del ataque contra la dictadura de Somoza recibió en 1979 el premio más codiciado de la época, el Casa de las Américas por su primer libro de cuentos, Los días de nuestra sangre. Desde entonces lleva publicada casi una veintena de obras que han sido premiadas y traducidas a una decena de idiomas, a la vez que ha impulsado comités o proyectos junto con escritores como Mempo Giardinelli y Juan Gelman.
Ahora Butazzoni ha vuelto a ser noticia con Una historia americana, libro en el que explora el secuestro y asesinato de Dan Mitrione, el agente de la CIA que el MLN capturó en 1970. Según nos cuenta, hace mucho tiempo que estaba interesado en escribir sobre este suceso clave en la historia tupamara, y la primera apuesta había llegado con La vida y los papeles (2016), su libro de crónicas ficcionadas en el que indagó en “el tema Mitrione”, sobre todo a partir de la abundante información que había obtenido. Desde esta investigación inicial descubrió que, salvo en El caso Mitrione, de Clara Aldrighi, en general lo que se había narrado sobre el tema eran “historietas”. Incluso Estado de sitio (Costa-Gavras, 1972) “es un verso de principio a fin, porque si bien cuenta la historia del secuestro, se remite al relato tupamaro, que finalmente adaptó a sus necesidades narrativas”. En la misma línea, cree que el libro El color que el infierno me escondiera, que Carlos Martínez Moreno publicó en México en 1981, “incluyó algunas cuestiones que sabía, pero aquellas que no, las vistió con mucha literatura”.
“Cuando descubrí que muy poca gente sabía lo que había sucedido con un tema tan importante, esto se convirtió en el disparador inicial que finalmente me llevó a hablar con la mayoría de los que podían decir algo: algunos de los que lo secuestraron, otros que lo vigilaron durante su cautiverio, los que lo mataron, y otros integrantes del ámbito diplomático y político”, explica Butazzoni.
Así, el autor define a Una historia americana como una novela y como un gran reportaje que indaga los diez días que transcurrieron entre el secuestro y el asesinato de Mitrione. “Y los protagonistas son los protagonistas de esta historia: Mitrione, Jorge Pacheco Areco, el embajador de Estados Unidos, los agentes de la CIA que vinieron a Uruguay para intentar arreglar el estofado y etcétera. Además de incluir muchos pequeños datos que, al final, cuando se reúnen no resultan tan pequeños”.
Tres eventos simultáneos conforman la trama de la novela, el más importante de estos, obviamente, es la captura, encierro y muerte de Mitrione. La participación de Estados Unidos (desde formas solapadas, con esos mecanismos siniestros de la CIA, y esos matones a sueldo que luego desaparecen como si nunca hubieran existido, hasta alocuciones públicas del entonces Presidente Nixon), y un dubitativo colaborador de los tupamaros, de la Orga como se la nombraba por aquellos días, un tipo absolutamente gris, montevideano, como salido de La Tregua, la gran novela de Mario Benedetti, componen la trinidad en la que descansa toda la narración.
Fernando Butazzoni hace literatura, que se lee fácil y bien, con destreza organizativa y momentos de gran tensión. Y agrega nuevos elementos a la historia con la perspectiva que dan los años, el privilegio de haber pertenecido a esa época y el valor de revisar.
