Escribe Graciela Paz

En una decisión que por ahora nadie aplaude, la Intendencia de Paysandú (IDP) no convocó este año a la elección de Reina del Carnaval en el supuesto que es una manera de exhibir a la mujer en estos tiempos de trabajar para erradicar la violencia de género.

Pretender que un certamen que generalmente concitaba la concurrencia de toda la familia al anfiteatro para disfrutar no solo de la competencia en si sino también de un espectáculo artístico con creativas y lucidas coreografías por parte de las jóvenes, motiva actos o pensamientos  violentos hacia el género femenino, es tan inverosímil como creer que pasar frente a la universidad nos haría inevitablemente estudiantes de nivel terciario. A través de una esmerada puesta en escena las aspirantes al título de soberana del Dios Momo se presentan con ropa sport y de fiesta (se ha ido dejando de lado el traje de baño) que para nada descubren o insinúan partes púdicas que podrían despertar algún bajo instinto.

La mujer que muere por lo que se define como femicidio lo ha sufrido de una relación cercana, afectiva, amorosa, lo ha padecido a manos de quien no se conforma con haberla perdido o no se resigna a verse impedido de ser su amo, su macho y dueño de su vida (tan dueño que hace con ella lo que quiere). Así han muerto por la ejecución del dominador, novias, madres, abuelas, jovencitas y mayores, más o menos lindas, más o menos  amas de casa, más o menos lindas.

Por si fuera poco creíble (y claro que lo es) relacionar al femicidio con un certamen entre unas decenas de chiquilinas, se dejó escuchar que las reinas “no hacen nada”. Mire Ud. que tienen que hacer las reinas además de encabezar los desfiles de carnaval y prestar su belleza y gracia luciendo sus bandas de tituladas en las rondas del concurso de agrupaciones, no está en el memorando de “actividades de reina”. En todo caso si las reinas deben hacer algo más es misión de la organización así disponerlo.

NOTA COMPLETA EN EDICIÓN PAPEL O SUSCRIBITE A LA EDICIÓN DIGITAL. 099 326 150.