Lic. Rafael Winter (Rufo)
Estamos en los umbrales de un nuevo año lectivo -hay quienes ya han comenzado las clases- y por tal motivo quisiera trasmitir las siguientes propuestas, deseos y sugerencias, pensando en los alumnos en general y no solamente para el entorno escolar:
– Que sea éste un año de estudio. Nada ni nadie, tan solo circunstancias muy excepcionales, deben desviar a los alumnos del objetivo central que es aprender y estudiar. Todos los días del año lectivo. Los niños son el futuro de la sociedad. Son el futuro del país.
-Valoren y disfruten lo más que puedan del aprendizaje y del estudio. Les va a servir para toda la vida aunque en el momento no se den cuenta.
-Respeto: a la Institución, a los docentes, a los funcionarios en general, a los compañeros.
-Cuidado de la Institución en general, de los ambientes de la misma, de los salones de clase en particular,
-Compañerismo. No es imprescindible y no existe que todos sean amigos de todos pero sí buenos compañeros.
-Solidaridad: inevitablemente ocurren hechos, permanentemente, que ponen a prueba nuestra solidaridad. Y nuestros valores. No podemos dejarlos de lado.
-Esfuerzo, tenacidad, actitud.
-Sepan que un tropezón no es caída. Cuando se caigan, (no va en sentido literal) intentar levantarse inmediatamente.
-Utilizar los elementos tecnológicos actuales de la forma más correcta posible, en las circunstancias y momentos apropiados, sacarles «el jugo» positivamente. No usarlos para ofender, no usarlos para agraviar, no usarlos para engañar.
-Tener la autocrítica necesaria (es cierto: lamentablemente como en tantas otras cosas los adultos no siempre damos el ejemplo en ese sentido) poder reconocer en el momento y admitir: «me equivoqué».
-No todo es estudio. También hay -DEBE HABER- diversión. Pero la misma debe ser sana: no perjudicarse uno mismo, no perjudicar a las familias, a los demás, no perjudicar al entorno. No perjudicar el medio ambiente. No hacerse ni hacer daño.
-Sentirse libres (cuando el marco, la circunstancia y el momento lo ameritan) de emitir la opinión e interpretación que quieran dar. Y llegado el caso, ¿porqué no? con espíritu crítico. Pero obviamente con conocimiento de causa. Siempre con respeto, cuidando las formas, con consideración del que piensa distinto, sin apartarse nunca de los Derechos Humanos.
-Expresarse correctamente dentro y fuera del aula. Las expresiones soeces se escuchan lamentablemente a una edad cada vez más baja.
-Desterrar, salvo circunstancias muy pero muy excepcionales, la palabra «odio» del vocabulario.
-Intentar sentir empatía por el «otro». El «otro» es en este caso mi compañero. Ni más ni menos.
-No discriminar. A nadie! No hay ninguna razón que justifique algún tipo de discriminación. Ninguna!
-Varones y niñas deben considerarse en cuanto al respeto y valoración en un plano de absoluta y total igualdad.
-No hablar mal de nadie. Peor aun si es a espaldas del compañero, si se hace desde el anonimato, si se utilizan las redes sociales para esa maldad.
-Tener siempre en cuenta la sabia máxima de las fuentes: » no le hagas al otro lo que no te gustaría que te hagan a ti «.
-Es importante, hasta donde sea posible hacer el mayor esfuerzo para conseguir logros, objetivos, por lo cual muchas veces hay que competir…con uno mismo. No con los demás, no con los demás! Que al compañero le vaya bien ¿porqué no?
Por lo tanto: es muy bueno que intente superarme a mi mismo. No es para nada necesario intentar superar al otro.
Demás esta decir que para que los alumnos puedan plasmar todo, (o parte de esto) en buena medida depende de lo que hagamos los adultos: padres, docentes, comunicadores, autoridades de la educación, autoridades gubernamentales, nacionales y tantos otros.
La educación, de la que tanto se habla, debe formar por sobre todo -más allá de cada necesaria área específica- buenos seres humanos.
En el más amplio sentido de la expresión «seres humanos».
