Escribe Graciela Ruth Paz
Los resultados de las elecciones nacionales el pasado domingo fueron un tanto inesperados para muchos de nosotros más allá de las tendencias que marcaban las encuestas.
Muy llamativa la escasa votación del Partido Independiente, increíbles los porcentajes de Gustavo Salle (votando igual que Unidad Popular y perdiendo el diputado Eduardo Rubio su banca) y del PERI, que se posiciona como la quinta fuerza política detrás de Cabildo Abierto.
El gran desafío ahora lo tiene el Frente Amplio, superar en números y en entusiasmo ese magro casi 40% de electores que siguen creyendo en esta fuerza política.
No hay derroteros sin derrotados. Y no hay casualidades, hay causalidades, frase de mostrador, pero bien aplicable por cierto.
Particularmente en los últimos 5 años el Frente no tuvo ya buques insignias, ya había aplicado las grandes reformas, insistió en sostener y mantener figuras de su equipo que no estaban dando la talla de la academia de otrora y que se empecinaron desde su soberbia (la palabra que más se ha replicado en los analíticos de este resultado) en no aceptar las críticas y mucho menos ejercer la autocrítica. Dos ejemplos claros fueron la ministro de educación y cultura y la titular del Ministerio de Desarrollo Social.
Por otra parte desde varios ámbitos estatales y oficiales se estuvo fragmentando y enfrentando a la sociedad como si los intereses se unos nunca fueran también beneficios de otros. Hubo un ataque sistemático a todo lo que proviniera de la Iglesia Católica, desde permitir sin pena que se vandalizara una iglesia como la del Cordón hasta simpatizar con las expresiones repudiables de Fabiana Goyeneche “métanse los rosarios en los ovarios”. No voy a hacer una defensa de las múltiples actividades que lleva a cabo la iglesia y no sólo la católica, también otras congregaciones, ahí donde el estado es el gran ausente, apenas recordarle a tanto descreído que anda en la vuelta que el PDC fue un partido fundacional del FA y que cuando salieron los últimos presos en marzo de 1985 fueron a Conventuales, y el 90 % de los que blasfeman a los creyentes no estuvieron ahí. Yo sí.
Se desconocieron los 50.000 de Un Solo Uruguay (USU) y se les descalificó como terratenientes, nacionalistas, propietarios de camionetas 4 x 4 y afines a no seguir los lineamientos económicos del gobierno de puros contras nomás, dado que “el campo es cada vez más sustentable” (¿?). No tengo actividad alguna que me conecte o relacione con la actividad agropecuaria. Sin embargo, tengo dos, yo solita, dos amigos frenteamplistas que impulsaron hasta donde pudieron a USU. La última embestida fue negarles el derecho a estar frente al Palacio Legislativo y quitar la placa que habían colocado. No tiene la misma rapidez la IMM para quitar los carros tirados por caballos ni juntar la mugre de las veredas y calles capitalinas.
Frases poco felices como “oligarquía y pueblo”, “familias patricias” (¿de dónde?), gente que no ha tenido oportunidades, anclados en el 2002, vagabundos que lo son porque hay otros que dejan las cosas en la calle, pobres que seguirán siendo pobres porque Ud. y yo ganamos mucho. Hay solo un sector de la población que le ha puesto el cuerpo a las reformas tributarias y de la salud: la clase media trabajadora con un sueldo respetable, por debajo de la canasta básica, pero superior al mínimo y trabajando en condiciones regulares, aportando cada pesito que gana. Ni abajo se toca ni muy arriba tampoco, aunque cada vez son menos “los arribas”, pues tienen las posibilidades de desaparecer literalmente de territorio uruguayo o camuflarse en entidades no responsables frente los órganos de recaudación fiscal.
El FA rehuyó hablar o poner sobre el tapete su programa en materia de seguridad social. Un país con una población envejecida, que sobrevive promedio más de 20 años luego de su vida activa, con escasa tasa de remplazo, una sociedad que se está reproduciendo en las clases sociales más vulnerables donde no hay posibilidad ni cultura contributiva tiene que pensar ya con otros parámetros la sustentabilidad de la seguridad social ejemplo para muchos países no solo en este continente. Hay que ser francos, ya no hay un activo que aporte por cada pasivo sin contar todas las prestaciones no contributivas que brinda el Instituto de Seguridad Social. Hay que ser sinceros y reconocer que los empleados públicos no se jubilan a los 60 años para ver cómo siguen educando a sus hijos, pagando sus estudios, su apartamento y criando a sus nietos con un 30% de los que era su sueldo, aguantando mientras pueden y si no pueden también,hasta los 70 años. Lo mismo sucede en la actividad privada cunado tienen un buen salario. Los pequeños comerciantes, las domésticas, los productores rurales “cesan” para obtener un ingreso aún el mínimo y continúan trabajando para subsistir y además “no regalar su capital de toda una vida”. Es necesaria una reforma de la seguridad social y una capitalización distinta de nuestros aportes. Nos la quedamos esperando.
No se trata de negar todo lo bueno que se propició y se consagró sobre todo en los primeros 10 años. Y en materia de derechos se legisló con firmeza, con voluntad de lograr una sociedad más inclusiva y tolerante y con el beneplácito de la mayoría de la ciudadanía.
Pero queda el sabor amargo de la lucha por Verdad y Justicia (se encontraron cinco cuerpos en 15 años) y el flanco abierto y limpio que le dejamos a Cabildo Abierto para que entrara por la puerta grande al parlamento. Por la vía legal. Con 6 meses de campaña. La destitución de Guido Manini Ríos lo llevó a presidenciable y a encabezar la 4ta. Fuerza política de la nación. Casi nada lo del ojo.
Lo que no se aprecia es una verdadera autocrítica apostando a ganar el último domingo de noviembre. No se reconoce la incidencia del caso Sendic y otras desprolijidades estatales. No se asume que más de 1.100.000 ciudadanos apoyaron la reforma del Senador Larrañaga. Acompañando con el SI listas de todos los partidos. De todos.
No hay que enojarse con la gente. Ni con los desencantados. Basta de uruguayos contra uruguayos. Lo que no suma, resta.
