Escribe Mirtana López
Esta terminología que comenzó a utilizarse en el terreno de la crítica literaria, cinematográfica, de la literatura infantil, es hoy de dominio público. En sus inicios formó parte de los textos más intrincados y novedosos de la bibliografía en la formación de todo docente de literatura que se preciara. La construcción de relatos ya no es el recinto inefable, admirable, envidiable, del que surgieran Las Tierras de Álvar González, Macondo, la Biblioteca de Borges, el Bajo maragato de “Sombras…”Ya no es sólo herramienta para recrear “El último tango en Paris”. O para discutir los cuentos de hadas.
Hoy, en Uruguay, la construcción de relatos es otra cosa. Rápidamente comenzó a formar parte del bagaje lingüístico de todo comentarista y periodista, que también se precie. Hoy, es la especialidad de todo político o aspirante a serlo, practicante de club de afiliaciones, comité de base, audición radial, comentario callejero, publicidad comercial, discurso de fin o comienzo de campaña. Campaña política, claro.
Por lo tanto, no es exclusividad de nadie y es una especie de obligación de todos quienes quieran convencer a otros de algo. Por ejemplo: aquellos que analizan semióticamente el discurso político de Lacalle y el de Martínez, son especialistas constructores de relatos que no tienen como fin la propia construcción del relato sino la interpretación de la realidad. Allí está su punto flaco y su punto de observación para nosotros. El punto de observación de ustedes, lectores, cuando yo intente analizar –y construir mi relato -, sobre el discurso de quien parece que va a ser, en parto difícil, el Presidente de los uruguayos en los próximos cinco años.
La extensión del contexto a considerar varía: Toda la campaña electoral, sólo el mes posterior a las internas, el útimo día y la noche del discurso “de casi asunción”. El propio contexto: su relación con las “bases”, uso de los errores o dificultades expresivas del contrincante, exacerbación de valores llamados tradicionales, posturas corporales varias, estudiadas e indicadas, manejo de la voz entre flauta y carraspera. Utilización de ataques varios, como el último, reiterado y plañidero lamento por no haber recibido el saludo de su oponente en la misma noche de la votación en la que la Corte Electoral optó por no pronunciarse para asegurar la limpieza democrática del escrutinio.
Veamos algo de la construcción del relato pos votación. Es decir, del discurso de la primera noche.
La una de la mañana, Martínez ya habló. Contento y triunfal, pidió a sus huestes que volvieran a sus casas con tranquilidad. En la bi-pantalla del televisor, vemos dos mitades embanderadas: unas se agitan mucho, las del Frente; otras permanecen quietas, en alto sí, las coaligadas. Los minutos pasan muy lentamente, mientras “van bajando” la escalera de la exclusividad, con una sonrisa dibujada: Novick, Mieres, Talvi… Y hasta Julio María con Marta, que no intenta sonreír. No vemos a Manini. Siguen pasando los minutos… En bandada bastante despavorida aparecen los dirigentes blancos. Allí tenemos la oportunidad de ver a Falero y Camy entre Heber, García, Delgado y también a los emigrantes Gonzalo Mujica y Graciela Bianchi.Luego, otra vez: Gran quietud. Espera. Escalera vacía. Bastante imponente. (Ahora, la semiótica dela construcción del relato se aprendió en Hitchcock, parece).
Algún movimiento en la escalera: Un joven hombre desconocido al lado de Beatriz Argimón; una mujer, la esposa, ya en rol de primera dama… Y aparece el primer actor. Desciende lento, pálido y contracturado. Su color no es el mismo de hace unas horas, cuando llegó triunfal. A pesar de todo, luego de unos teatrales minutos de observación de sus huestes, comienza a analizar. Analiza la falta de saludo de Martínez que no lo ha llamado. ¿Qué relato está construyendo? ¿El relato del niño meritorio que no recibe lo que merece de parte de quien era poderoso al igual que otros en su situación? ¿El relato del adversario infractor de las normas de convivencia? ¿O acaso el relato, especialmente dirigido a frenteamplistas, que pretende oscurecer siempre toda laconducta de Martínez, pero nola del Frente Amplio?
En un discurso final, de casi asunción de la Presidencia de la República, Lacalle Pou construyó un relato que desacreditara a la persona de su rival. No a la otra mitad de los uruguayos que no lo votaron,a cuyos representantes puede precisar en el Parlamento y a quienes va a necesitar seducir si algún coaligado le falla. ¡Qué político para “construir relatos”! ¡Qué constructor de relatos!
Ni una palabra sobre el discurso del General Manini Ríos;semejante tema, para un peligrosísimo relato, se verá después.En el próximo relato.

