¿Qué nos deja la segunda vuelta? Vemos un cambio importante en las actitudes del electorado.

Una cosa es octubre donde se eligió el supremo parlamento, que es el verdadero poder del estado.

Está claro que resultó de lo más diverso, con supremacía de la derecha, sobre la izquierda. Es más de la ideología de aquellos partidos tradicionales y menos del progresismo socializante.

En esta segunda instancia, fue otra cosa, como lo van a ser en las municipales.

El futuro presidente, resulta de un primer apoyo de uno cada tres uruguayos, y en la última, uno de cada dos.

Una de las lecturas, indica que, aunque en lo político, la histórica ideología conservadora, tiene la mayoría, la opinión pública se dividió en dos mitades a la hora de ejecutarlas. Como que no creó confianza su candidato, no lo vieron representativo de esa corriente.

Esto es un llamado de atención sobre las medidas a futuro que se vaya a tomar, para las que hay que tener mucha cautela y no se podrá “atropellar” y pretender hacer lo que se quiera desde la derecha. Como que la ciudadanía “no quiere que se borre con el codo lo que se escribió con la mano” Hay muchos derechos en juego, hay una economía que se dramatizó y que no corresponde a los dramas expresados. También está claro el tema seguridad, donde la mitad del país resalta la problemática que se vive o al menos que se siente. Otro tema en juego, fue la corrupción, que el pueblo sabe de siempre, que existió, existe y existirá, donde los “guantes blancos”, antes no se veían, ni dejaban huellas, y que hoy, gracias a transparencias, medios informáticos y comunicativos modernos, se ven con otros ojos, se magnifican, se exaltan y “queman” de otra manera.

También resulta de estas lecturas, que los aparatos políticos, no trasladan sus decisiones y fuerzas a las bases, a la gente de igual manera. Por suerte, muchos uruguayos “no se chupan el dedo”. Hay un proceso crítico, hay un gran sector que analiza, reflexiona, no sigue a caudillos.

Sabemos que hay otros muchos que se guían por comentarios, titulares o chismes, sin estudio y sin conocer las verdades, pero hay otros que no actúan así.

Un llamado a los aparatos políticos a la AUTOCRÍTICA, a la reflexión, a escuchar a todos los “santos” y a los “excomulgados” también. Dejar la soberbia, la prepotencia, los acomodos, de no ignorar a los idóneos, de depurar sus filas de “torcidos”, de evitar los “vividores” de la política, de fortalecer los valores, la ética que nos identifican y que hemos aprendido en la historia del país.

Esto, recién comienza y se va a mover el piso, el “Cernidor”.

Dr. Merengue