Homenaje al Mate en Paysandú:rescate de nuestra historia y tradición
Escribe Javier Ricca
Todo comenzó cuando, el 29 de marzo de 1855, la Junta Económico Administrativa(actual Intendencia Departamental de Paysandú) aprobó la nueva nomenclatura para su planta urbana. Entre otros cambios,se designaba a la actual calle Libertad –llamada Uruguay desde 1831,con el nombre de “Calle del Mate”.
La propuesta del cambio de denominación fue presentada por Carlos Lorenzo Gregorio Catalá, nacido en Montevideo el 16 de mayo de 1824 e hijo de José Catalá y Codina, quien estuviera a cargo de la primera escuela lancasteriana instalada en Montevideo en 1821, a partir de la designación de Dámaso Antonio Larrañaga.
Entre otros aportes, José Catalá y Codina escribió el “Compendio Gramatical de la Lengua Nacional llamada Castellana” y “Explicaciones sobre el Compendio de Gramática”. En 1828 se estableció como Receptor de Aduana en Paysandú.
En ese ambiente intelectual dio sus primeros pasos Carlos Catalá,quien por el resto de su corta vida derramó múltiples aportes a la sociedad como educador, fundador de pueblos, estadista y militar hasta su muerte, a los 39 años de edad.
En 1842, los convulsionados tiempos de la Guerra Grande precipitaron a su familia a buscar refugio tras los muros capitalinos y a Carlos,a combatir en la Defensa de Montevideo con tan solo 18 años. Tras la muerte de su padre se trasladó a la villa de Salto en 1846, participando en la Batalla de San Antonio bajo las órdenes del coronel Giuseppe Garibaldi. Posteriormente fue designado secretario del general Eugenio Garzón.
Culminado el conflicto bélico, regresó a la villa de Salto con el grado de Capitán. Allí fue edil y educador. En setiembrede 1852 presidió la comisión encargada de fundar los pueblos Constitución y San Eugenio del Cuareim, este último en homenaje al General Garzón, ante su reciente muerte.Para 1915 este centro poblado pasaría a la categoría de ciudad, con el nombre de Artigas, manteniendo las características urbanísticas que delineó Carlos Catalá en 1852. Al año siguiente, Catalá fue designado Jefe Militar de la zona del Alto Cuareim.
Mientras cumplía esas funciones, a instancias de su madre, Doña Gregoria Martínez de Ballesteros,Carlos Catalá acepta retornar al suelo sanducero, donde “abrió un estudio forense” según relata Aníbal Barios Pintos (Artigas, Tomo I, 1989).
En 1854 asume el cargo de edil y presenta al cuerpo legislativo el nuevo nomenclátor. Augusto Schulkin señala que el aporte de Carlos Catalá “constituye a través del tiempo una provechosa lección de neutralidad política y de un neto matiz americano, pues llegó a glorificar el mate “en honor a la costumbre nacional” (Historia de Paysandú. Tomo I, 1958).
Por su parte, Setembrino Pereda expresa que la “Calle del Mate” fue “en honor de la costumbre nacional y característica del uso del mate. Él fue y es el vehículo de comunicación que tiene el pueblo para la tradición de su historia, revoluciones y transmisión de costumbres, y no hay conocimiento alguno a que el mate no haya asistido y contribuido con su sabroso néctar, ya amargo, ya dulce.”(Paysandú y sus Progresos, 1896).
Carlos Catalá, leal a sus convicciones partidarias, solía frecuentar en la esquina noreste de las calles Leandro Gómez y Treinta y Tres Orientales, el “Bazar del Ancla de Oro”. Denominado por los conspiradores al gobierno como “Ancla Dorada”, allí se reunían en 1863 los conjurados, convocados por su propietario Eduardo Gordon, destacado escritor y periodista.
Estos encuentros clandestinos turbaron tanto al comandante militar de Paysandú, Leandro Gómez,como al Jefe Político de Paysandú, coronel Basilio Antonio Pinilla, quienes concertaron el último día del año1863, firmar los pasaportes de destierro de Eduardo Gordon, Carlos Catalá y el sargento mayor Anacleto Tirigall. Este último era un enemigo político declarado del gobierno de turno, considerado “agente Unitario y contumaz espía de la sedición”. Los tres fueron emplazados a abandonar la villa de Paysandú el 1 de enero de 1864 “so pena de ser enjuiciados por vía castrense” (Historia de Paysandú. Tomo III, 1958)
Al amanecer del primer día del año, una embarcación los cruzó a territorio argentino. El plan consistía en buscar refugio en Concepción del Uruguay, donde se encontraba establecido un importante núcleo conspirador “Colorado” desde principios de 1863.
Al observar la impericia de Gordon para montar un brioso corcel, Catalá le cambió el caballo. La suerte quiso que el potrillo se desbocara y rodara, lesionando gravemente la pierna de Catalá. Este hecho les obligó a solicitar un barquero para que lo cruzara nuevamente al puerto de Paysandú.
Ello ocurría treinta años después de que José Catalá y Codina se tomara “la libertad de recomendar” al Presidente de la República, Antonio Pereira,a don Basilio Pinilla para el cargo de Jefe Político de Paysandú, con las siguientes palabras: “Tiene este joven mil veces más aptitudes para este cargo que el decantado Lamas… en el estado en que se halla el Uruguay, es imposible que se encuentre otro en toda la República, de tanta fibra, viveza, prudencia y capacidad en todo sentido, para dirigir la política de este departamento, pues ha sabido transformar el pueblo de Paysandú, amalgamar las opiniones heterogéneas y convertir en amigos del gobierno a los que eran sus enemigos exaltados…” (Anales de la Universidad, 1936).
Ahora, treinta años después, el destino del hijo de José Catalá y Codina estaba en manos de Pinilla. Basilio negó que Carlos entrara al pueblo, a pesar de que su estado no le permitía moverse,al tiempo que se lo detuvo de forma constreñida bajo el sofocante sol de enero. El capitán del Puerto, Isidoro Otondo no pudo permanecer indiferente a este suplicio y lo condujo -tomando riesgos-hasta su propia casa.
Las atenciones médicas fueron vanas, según el parte médico de la época la gangrena fue fulminante. Falleció el tres de enero rodeado de sus hijos, Antonio de un año, Ema de tres y de su Esposa María Moreira quien estaba esperando a su tercera hija, a quien bautizaría con el nombre de Sara.
La suerte de Anacleto Tirigall, no fue mucho mejor. Como era de esperar el Sargento Mayor regresó de Concepción del Uruguay para integrarse a las fuerzas sitiadoras y una vez caída de la Villa sanducera, ingresóa su hogar.
Los resquemores de ambos bandos estaban a flor de piel“a las doce y tres cuartos de la tarde del 20 de junio de 1865 en momentos que Anacleto Tirigall… se aprestaba a salir de su casa sita en la calle 18 de julio Nº 1010, el inexorable enemigo desde el escondite de una puerta cercana le descerrajó un certero pistoletazo que fue a vaciarle un ojo, incrustándose la bala en la masa encefálica.” (Historia de Paysandú. Tomo III, 1958).
Por su parte Eduardo Gordon retomó el camino de las letras, publicando, con suerte dispar, en la villa de Concordia el diario “El Republicano”. En 1865, tomando distancia de los hechos, escribió “La Nueva Numancia”, obra que paradójicamente fue consignada a realzar con ribetes heroicos la Defensa de Paysandú.
Así como hace 165 años, Carlos Catalá rescataba uno de nuestros rasgos identitarios, como lo es sin dudas nuestra tradicional infusión, hoy el Mate está re-significado en la de la escultura en la calle Libertad, diseñada por el artista plástico Juan Carlos Ualde y realizada por el artesano Ricardo Gómez.
Celebro con entusiasmo como la porfiada iniciativa que emprendió hace más de diez años Rubens Stagno, rescata una vez más de los vestigios del pasado un nuevo hito para nuestro solar sanducero.
Por esta y otras historias de nuestras raíces, que quedan por conocer y trasmitir a las nuevas generaciones: a “redoblar”.
