Escribe Nancy Nuñez

La realidad económica y social lograda por las medidas impuestas por este gobierno de coalición durante estos tres años es contundente.
Pese a una pandemia transitada, una situación mundial compleja por la guerra entre Ucrania y Rusia, una emergencia agropecuaria originada por una de las mayores sequias de los últimos años, está claro el rumbo de gestión, los objetivos precisos del equipo económico y los saldos positivos en la regulación de la inflación, el control del déficit fiscal, recuperación del salario real que está en marcha, y el crecimiento del empleo según lo esperado.
Faltaba algo, es verdad, el impacto en la economía doméstica, lo que habitualmente llamamos “en el bolsillo de la gente” y ese será uno de los anuncios del Presidente ante la Asamblea General el 2 de marzo próximo: la rebaja de impuestos en salarios y jubilaciones. La estabilidad macroeconómica y una administración responsable de los dineros públicos tendrán beneficios directos sobre los ciudadanos.
Han sido tres años de cumplimiento de promesas electorales pese a las adversidades encontradas en el camino, las que no fueron excusas para liderar dos grandes reformas que el gobierno anterior no pudo conseguir: la reforma educativa y la reforma de la seguridad social. Ambas reformas puede pensarse que tendrá costos políticos pero la decisión de llevarlas adelante evidencia una postura firme de este gobierno de atender que a las necesidades reales por encima de los intereses partidarios. Nadie pone en duda que las reformas son necesarias.
Los ciudadanos fuimos en estos 1000 días responsablemente libres. Recordemos que en estos años se aprobó y se validó por la ciudadanía una Ley de urgente consideración que impuso modificaciones estructurales en seguridad, educación, adopciones, alquileres y una variadísima gama de cambios en todas las áreas públicas. Se invirtió muy por encima de lo que se venía haciendo en primera infancia. Es para destacar también la gran inversión en obras públicas, en la totalidad de puentes y rutas nacionales.
Conseguimos respeto y confianza internacional por nuestras políticas apegadas a principios de Naciones Unidas, por lograr la calificación crediticia más alta de la historia y el riesgo país más bajo. Por eso está en agenda de gobierno la profundización de la inserción internacional.
Pequeños geográficamente, pero grandes en el mundo.

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