En Calles de mi ciudad, una estupenda sección que dirige y recopila Francisco Debali, el turno fue en la semana, José Batlle y Ordoñez. Aquí la reproducimos.

En esta tarea que nos impusimos de recorrer las calles de nuestra ciudad y aportar comentarios de lo que se observa al transitar por ellas y además incluir información del porqué de sus nombres, dejamos nuestro trabajo anterior, cuando recorriendo la costanera, salimos del Yacht Club.

Dejamos atrás dicha entidad náutica y al continuar la marcha, nos encontramos con el Obelisco. No vamos a comentar sobre el particular ya que lo hicimos en su momento al tratar Avenida Salto. Se nos abren dos caminos; doblamos en ángulo de 90 grados rumbo al río (muelle Aníbal Sampayo ex Shell) o lo bordeamos y nos encontramos con la Avenida José Batlle y Ordoñez. Por acá vamos a continuar. No hay muchas dudas sobre quién es el destinatario de este homenaje ciudadano.

José Pablo Torcuato Batlle y Ordóñez, nació en Montevideo el 21 de mayo de 1856. Era hijo del General Lorenzo Batlle, que fue Presidente de la República. José Batlle, se casó con Matilde Pacheco y Obes Stewart, también como él, de estirpe política.

De joven estudió Derecho, y por 1880 viajó a Paris, estudiando Filosofía. Al regresar se dedicó al periodismo y la política, manifestándose crítico del gobierno del general Maximo Santos. Como ya hemos comentado, Santos gobernaba férreamente, persiguiendo a opositores políticos, quienes para salvarse buscaron refugio en Argentina.

Desde el vecino país, los refugiados uruguayos, con apoyo del gobierno argentino,  prepararon acciones para derrocar a Santos.Con todo listo, los sediciosos, cruzaron el Río Uruguay a territorio patrio, iniciándose así lo que la historia conoce como revolución del Quebracho. Sobre este punto ya hablamos cuando visitando el Monumento a Perpetuidad encontramos el Monumento que recuerda la Batalla del Quebracho, ocurrida en esa zona del territorio sanducero en 1886.

Como se sabe, la asonada fue un fracaso, los revolucionarios fueron derrotados, unos cuantos murieron, otros se desbandaron y varios centenares cayeron prisioneros, entre ellos, Batlle, Williman y Campisteguy, que años después, serían presidentes uruguayos. Finalizado el combate, el General Máximo Tajes expresó su frase “pena de vida al que atente contra un prisionero”. Como Artigas en Las Piedras “clemencia para los vencidos”, así actuó, magnánimemente Tajes, frente a sus vencidos, que en número de 750 fueron conducidos a Montevideo, al mismo cuartel general de Santos.

Los prisioneros esperaban lo peor, cuando apareció Santos, espetándoles: “Buen día mis valientes prisioneros”, agregando “están ustedes en libertad”, retirándose de in mediato, dejando estupefactos a los combatientes, quienes ante la apertura de los portones se retiraron incrédulos, pero alegres obviamente.

Batlle fundó el diario El Día desde donde acentuó la actividad política militando en el Partido Colorado. Fue el primer presidente en ocupar tan alta investidura dos veces, en 1903, hasta 1907 y en 1911, hasta 1915.

En su primer mandato tuvo, como su padre, que hacer frente a una revolución, la  acaudillada por Aparicio Saravia en 1904, saliendo victorioso. En sus mandatos  propició la creación de la Caja de Jubilaciones Civiles, del Banco de Seguros, de Ute; promulgó leyes de amplia repercusión  social como el sufragio femenino, el divorcio; otras para mejorar y favorecer a la clase trabajadora (obreros y rurales), lo que le valió el encono de hacendados, latifundistas y capitalistas británicos además de la Iglesia.

En su primera presidencia, un acontecimiento inaudito para  comentar. El Dr. Luis Alberto de Herrera, había publicado un artículo en la prensa, manifestando que Batlle tenía miedo, contestándole el presidente por medio de su diario, bajo el título “Quién dijo miedo?”. Herrera se sintió ofendido, lo retó a duelo y mandó sus padrinos, pero el guante fue recogido por Ruperto Michaelsen Pacheco, hijo de la esposa de Batlle, de su primer matrimonio con Ruperto Michaelsen Batlle, primo de don Pepe. El lance se cumplió el 22 de abril de 1906, felizmente sin consecuencias. No pasó lo mismo con el duelo Batlle Beltrán, ocurrido el 2 de abril de 1920, en el Parque Central, a resultas del cual terminó muerto el joven diputado blanco, dejando viuda y cuatro hijos.

En  1929 Batlle fue sometido a una operación para intentar solucionarle problemas renales y prostáticos, y si bien la cirugía fue exitosa, con el paso de los días aparecieron complicaciones, que finalmente apagaron la vida de tan ilustre ciudadano, el 20 de octubre de 1929, a los 73 años.

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