Por Rafael Goldman

Hoy en día, todos escuchamos consejos sobre qué comer y qué no. Desde “no comas pan si querés bajar de peso” hasta “las grasas son malas por completo”. La verdad es que muchas de estas ideas son mitos que confunden más que ayudan.

Primero, hay que entender que la alimentación no es solo cuestión de calorías o de “buenos” y “malos” alimentos. Por ejemplo, las grasas no son enemigas: nuestro cuerpo las necesita para funcionar, siempre y cuando sean saludables, como las que encontramos en el aceite de oliva, los frutos secos o la palta. Lo mismo pasa con los carbohidratos: no todos engordan, y son esenciales para tener energía, sobre todo si entrenamos o estamos activos durante el día.

Otro mito común es pensar que saltarse comidas ayuda a perder peso. En realidad, esto puede hacer que nuestro cuerpo almacene más grasa y nos sintamos con menos energía. Comer de manera equilibrada, aunque sean porciones más pequeñas, suele ser más efectivo.

Además, las dietas “milagro” prometen resultados rápidos, pero casi siempre son insostenibles y pueden generar problemas de salud a largo plazo. La clave está en la constancia y en elegir alimentos que nos nutran, no solo que nos llenen el estómago.

En resumen, comer bien no significa privarse, ni contar calorías obsesivamente. Significa informarse, escuchar a nuestro cuerpo y buscar un equilibrio que funcione para cada uno. Porque, al final, alimentarnos de manera saludable también tiene que ver con sentirnos bien todos los días, no solo con la balanza.