Por Horacio R. Brum

Esta es una información que no vimos en los grandes medios internacionales:

“Oslo, Noruega – La tradicional Procesión de las Antorchas, que se realiza en honor del ganador del Premio Nobel de la Paz, cayó en la controversia este año, porque el Consejo Noruego para la Paz anunció su decisión de no participar.

…La resolución del Consejo pone de relieve la significativa incomodidad que existe en la comunidad pacifista noruega respecto de las inclinaciones políticas de la ganadora del premio de 2025, María Corina Machado…

…El Consejo Noruego para la Paz, una organización no gubernamental que promueve la paz  y el desarme, declaró que el alineamiento de la premiada con figuras y políticas controvertidas es inconsistente con los principios que el Consejo sostiene.

Como se destaca en un comentario sobre la decisión de boicotear la procesión, Machado ha expresado abiertamente su apoyo al presidente Donald Trump, incluso dedicándole el Premio Nobel de la Paz.

…Por otra parte, su relación con la oposición venezolana al actual régimen de Venezuela, respaldada por Estados Unidos, ha dado lugar a críticas en el sentido de que el premio otorgado deteriora el papel histórico de Noruega en la mediación internacional por la paz.

…El apoyo de Machado a la política exterior de Israel ha sido otro punto importante de crítica, en particular en el contexto noruego, donde son altamente valorados los principios humanitarios y del derecho internacional.

…El Consejo Noruego para la Paz y otros grupos activistas ven esa posición como contradictoria con el espíritu del Premio Nobel de la Paz, en particular si se tienen en cuenta los conflictos del Medio Oriente.

… Noruega ha estado involucrada en las negociaciones de paz de la crisis venezolana. Los críticos sostienen que al honrar a una figura altamente polarizante, a quien se acusa de apoyar el intervencionismo extranjero y la acción militar (como los esfuerzos contra el gobierno de Venezuela respaldados por Estados Unidos), se arriesga destruir la cuidadosamente cultivada imagen de Noruega como un tercero neutral y facilitador.

…Si bien la Procesión de las Antorchas, organizada por la Alianza Noruega de Justicia para Venezuela, se realizará el 10 de diciembre para honrar a la premiada, la ausencia de una organización pacifista fundamental, como el Consejo Noruego para la Paz, es altamente simbólica”.

El texto completo de esta noticia, en inglés, apareció en el portal The Nordic Page (www.tnp.no/norway/politics/norwegian-peace-council-boycotts-nobel-peace-prize-torchlight-process-in-protest-against-laureate-maria-corina-machado/). Ante el aluvión de entusiasmo mundial por el premio otorgado a la líder de la oposición venezolana, bastaba con cumplir con la obligación básica del periodismo profesional: buscar la otra cara de la noticia, máxime, cuando existe una potencial situación de intervencionismo en Venezuela, por parte del gobierno de Donald Trump. El Consejo Noruego para la Paz no es un grupo marginal; fue fundado al terminar la Segunda Guerra Mundial por siete organizaciones pacifistas noruegas y ha trabajado intensamente por la paz mundial en la posguerra y durante la Guerra Fría. Hoy sigue comprometido en la búsqueda de soluciones para los conflictos en todo el mundo, siempre de acuerdo al derecho internacional y los principios humanitarios. Por eso, su posición es indicativa de que hubo más de una reserva respecto del Nobel concedido a Machado, si se tiene en cuenta que ella dedicó el premio al presidente estadounidense más belicoso de los últimos tiempos y no ha rechazado claramente la posibilidad de una intervención armada extranjera en su país, para derrocar al gobierno autoritario de Nicolás Maduro.

La aclamación de María Corina Machado como una heroína de la paz, promovida por los gobiernos de Estados Unidos y varios otros países desarrollados, y multiplicada por los medios de comunicación con sede en ellos, es un ejemplo de lo que hace tres décadas el director de Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet definió como “el pensamiento único”. Después del colapso del comunismo soviético, las potencias occidentales difundieron la idea del triunfo total del capitalismo y de la democracia liberal, una idea que se trató de imponer por las armas en varias partes del mundo, como Libia, Irak y Afganistán. En esos países, Washington y sus aliados europeos intervinieron para lograr el “regime change” (cambio de régimen), que no fue otra cosa que el intento de suplantar las dictaduras gobernantes por autoridades leales a Occidente. Según el concepto de Ramonet, desde la política y el periodismo se impuso la visión de que no había alternativas mejores o distintas de las ejemplificadas en la economía y las sociedades del mundo desarrollado occidental. Aún hoy, y a pesar del desastre en que terminaron las intervenciones en los tres países mencionados, en el periodismo hay expresiones que provienen del lenguaje con el cual se justificaba la agresión extranjera. Tal vez la más simbólica es “régimen”, a la que se ha dado una connotación negativa que no existe en los diccionarios pero sí en la jerga de Washington. Se habla del “régimen de Maduro” o del “régimen de Putin”, pero no del régimen estadounidense o de los regímenes europeos. Un régimen pasa así a ser un gobierno dictatorial, cuando para la Real Academia Española ese no es más que el sistema político por el cual se rige una nación.

El 12 de diciembre, Narges Mohammadi fue arrestada una vez más por las autoridades de Irán. Mohammadi es una activista de los derechos humanos con décadas de lucha en su país, por lo cual ha sido llevada a la cárcel numerosas veces.  En 2023 recibió el Premio Nobel de la Paz mientras cumplía una condena de 13 años; desde 2024 estaba libre por razones médicas, pero ahora la detuvieron por asistir a un acto en recuerdo de un abogado de los derechos humanos que murió en circunstancias sospechosas. La noticia no recibió más que unos párrafos y desapareció pronto de los medios envueltos en el pensamiento único. Actualmente hay que hablar de Venezuela, donde es posible que se avecine un “cambio de régimen”, y del épico viaje a Oslo de María Corina Machado (probablemente, bien organizado por la CIA, pero eso no interesa).