Escribe M.G.

Como periodistas, uno siente la obligación —y también la responsabilidad— de no permanecer ajeno a los hechos que atraviesan a la comunidad. Para eso hacemos esto: no solo para reproducir lo lindo ni para sobredimensionar lo malo, sino para intentar comprender, contextualizar y aportar mirada. A veces lo logramos.

Más allá de que el periodismo sea un trabajo y un medio de vida, es, sin dudas, una vocación. Tal vez sea la forma más cercana de estar en política -no partidaria- sin ejercerla directamente. Es una actividad noble, que valoramos como herramienta de transformación social, a la política nos referimos.

Las personas cambian, evolucionan, y no siempre piensan hoy como pensaban ayer. Eso no es una debilidad; por el contrario, es uno de los grandes logros del ser humano. Habla bien de las personas. Y no tenemos empacho en decirlo. Claro que esa evolución debe ser honesta.

Cada uno está atravesado por sus propias peripecias, por cómo le va en la vida. Desde ese lugar se disparan opiniones, sensaciones, miradas. ¿O acaso no es así?

Eso no invalida ninguna opinión. Lo que sí debe quedar claro es que el periodismo bien hecho no está para hacer mandados.

A muchos nos gusta recordar aquel Paysandú fabril que ya no existe, que se fue diluyendo con el paso del tiempo. Fue bueno y es legítimo evocarlo. Pero el presente también muestra otras caras, nuevas inversiones, proyectos que aparecen, cosas que pasan y que son positivas. Eso no quita —ni debe quitar— la obligación de ver lo malo, las dificultades, muchas veces estructurales, que persisten en el interior del país.

Paysandú tiene mucho para mostrar. En poco tiempo se inauguraron dos nuevas sucursales de supermercados, una de ellas de capitales locales; el shopping se amplía. Hay consumo, o ¿por qué invierten los empresarios? Para perder plata seguramente que no. Hay gente que apuesta. Eso convive, sin embargo, con problemas de empleo que siguen golpeando al departamento y que no pueden ser ignorados. Esa realidad genera comentarios, tensiones y, al mismo tiempo, debería empujar a los comerciantes y a los actores económicos a reinventarse, a ser mejores en su oferta.

En otro orden, Paysandú fue sede recientemente de un evento internacional de básquetbol. Es un hecho a destacar. Fue posible gracias a una política pública y a acuerdos dentro del sistema político, bien aprovechados por el intendente Nicolás Olivera, como lo podría haber hecho cualquier otro intendente del Frente Amplio. Son las reglas de juego de la democracia y de la gestión.

Alguna vez leí o lo vi, no recuerdo bien al escritor Marcos Aguinis en una conferencia, que dejó escapar exprofeso una frase que quisiera compartir, “Las sociedades inteligentes son las que navegan por encima de la ola”.

Yo creo que los sanduceros debemos juntarnos más, y no pretende ser un mensaje navideño. A pesar de las diferencias, juntarnos para potenciarnos, para sacar lo mejor de nosotros y hacer cosas que beneficien a la comunidad. Sin el otro no hay cambio posible.