Desde Maicao, una calurosa ciudad del departamento de La Guajira, a pocos minutos de la frontera con Venezuela, el abogado y militante uruguayo Guillermo Bojorge analiza el proceso político que lidera Gustavo Petro en Colombia, las tensiones regionales, el avance de la derecha en América Latina y el papel de Estados Unidos en el tablero geopolítico. “Los gobiernos neoliberales dejan todo amarrado, hacen las leyes de tal forma que cualquier intento de cambio se vuelva irrealizable”, sostiene.
Un uruguayo en la frontera caliente de América Latina
Radicado desde hace años en Maicao, al nordeste de Colombia, Guillermo Bojorge vive a apenas quince minutos de Venezuela. Militante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y del Frente Amplio, se define como activista, abogado y analista político. Desde esa esquina de la frontera caribeña observa, con mirada crítica y regional, los procesos de cambio y los obstáculos que enfrentan los gobiernos progresistas.
“Colombia vivió casi cuarenta años de hegemonía neoliberal”, explica. “Petro es el primer presidente que llega con un signo distinto y que intenta una transformación profunda. Pero los gobiernos anteriores dejaron todo atado: leyes, estructuras, órganos de control. Cualquier intento de cambio se vuelve casi imposible”.
Pese a ese panorama adverso, Bojorge destaca que el mandatario colombiano ha logrado avances concretos, especialmente en materia agraria: “Petro retomó el punto uno del acuerdo de paz con las FARC, la reforma agraria. Los gobiernos previos apenas habían adjudicado 18 mil hectáreas; Petro ya lleva entregadas cerca de 800 mil. Lo hace a través de tierras compradas a precio comercial y también mediante la recuperación de bienes incautados a las mafias”.
Esa política, dice, ha permitido que la producción agraria crezca “entre un 9 y un 10 por ciento anual”, y ha devuelto protagonismo a las comunidades rurales. Pero las resistencias son feroces: “Petro tiene a casi todos los medios y a los organismos de control en contra”, subraya.
La paz total y los fantasmas del conflicto
Otro eje que destaca Bojorge es la apuesta de Petro por lo que él denomina “paz total”: un intento de integrar a todos los actores armados, desde las disidencias de las FARC hasta el Ejército de Liberación Nacional (ELN). “Cuando la FARC se desmovilizó, muchas zonas quedaron abandonadas. El Estado no llegó y allí resurgieron grupos disidentes, algunos ligados al narcotráfico. El gobierno de Duque no cumplió con la reinserción prometida, y muchos excombatientes fueron perseguidos o asesinados. Eso empujó a varios a retomar las armas”, explica.
En su análisis, el conflicto colombiano sigue siendo el reflejo de una estructura económica desigual, con un Estado débil y un poder oligárquico profundamente arraigado. “Petro intenta revertir eso, pero el aparato judicial, los medios y parte del Congreso responden a los intereses de siempre”, afirma.
La derecha avanza, la izquierda se divide
Bojorge no oculta su preocupación por el retroceso de las fuerzas progresistas en la región. Comenta el reciente triunfo de la derecha en Chile como “una muerte anunciada”: “Boric abrió el camino. Su gobierno fue timorato, un aliado más de Zelensky y de Milei. La izquierda chilena se desmovilizó y se dividió por egos. La derecha, en cambio, se une cuando llega la hora de votar”.
En el mismo sentido, observa “una tendencia regional hacia la derechización”, estimulada por la influencia de Donald Trump. “Trump está logrando tejer una estructura continental de gobiernos conservadores. Venezuela y Colombia quedan prácticamente aislados. Incluso Lula, en Brasil, está muy presionado internamente y obligado a pactar con sectores de derecha”, advierte.
Washington y el Caribe: tensión sin guerra
La entrevista gira inevitablemente hacia la presencia militar estadounidense en el Caribe, que Bojorge interpreta como parte de una “guerra psicológica”. “La flota norteamericana busca mantener en tensión a las fuerzas bolivarianas venezolanas. No veo un escenario de invasión terrestre: sería un suicidio político para Trump, que no quiere ataúdes con la bandera americana regresando a casa. Podrían intentar ataques aéreos, pero no más que eso”, asegura.
Desde su mirada, Venezuela ha demostrado una capacidad de resistencia que pocos esperaban. “Pese a las casi 800 sanciones impuestas desde Obama, el país se ha mantenido de pie. Aprendió a diversificar su economía y a sostener una doctrina militar popular. Tiene cuatro millones de reservistas y un armamento importante, fruto de su alianza con Rusia, China e Irán”.
Venezuela, la frontera y el éxodo
Bojorge conoce de cerca la crisis migratoria venezolana, porque Maicao fue una de sus principales puertas de entrada. “En 2016 teníamos unos 80 mil habitantes; con la migración pasamos a más de 200 mil. Muchos llegaron sin recursos, huyendo del sabotaje económico, del contrabando y de la manipulación del dólar”, relata.
Recuerda que durante años el comercio fronterizo estuvo distorsionado por decisiones políticas: “Uribe permitió que las casas de cambio fijaran el valor del dólar a su antojo, y eso arruinó el comercio venezolano. Se desató el contrabando de extracción: todo —desde el arroz hasta el papel higiénico— se compraba allá y se revendía acá”.
Pese a esas dificultades, sostiene que Venezuela ha comenzado a estabilizarse, mientras el flujo migratorio se reduce. “Hoy la frontera está tranquila. El tráfico es normal y no hay desplazamientos masivos”, describe.
El narcotráfico global y la hipocresía del norte
Consultado sobre el discurso estadounidense de lucha contra el narcotráfico, Bojorge es categórico: “Es una gran hipocresía. Trump perdonó al expresidente hondureño condenado por narcotráfico. Si quisieran combatir las drogas, empezarían por sus propias calles. Venezuela no produce coca; apenas es un país de tránsito”.
Citando datos de Naciones Unidas, señala que “solo el 5% de la droga pasa por Venezuela, mientras que el 80% lo hace por el Pacífico, principalmente desde Ecuador”. Y agrega: “Hoy el narcotráfico es internacional, lo manejan mafias desde Dubái, con albaneses, croatas, rusos y ucranianos. Ya no es un problema local”.
Un compatriota atento a la historia
A pesar de los años lejos de Uruguay, Bojorge mantiene el vínculo con su tierra natal. “Conversar con ustedes me hace sentir más cerca del país”, dice, antes de despedirse. Desde su ventana en La Guajira —donde el viento levanta el polvo del desierto y el Caribe parece infinito—, el abogado sanducero sigue observando los movimientos de una América Latina convulsionada, donde las esperanzas de transformación chocan con las viejas estructuras de poder.




