Un nuevo estudio de la consultora FACTUM, presentado por el politólogo Eduardo Bottinelli en Edición Central (VTV), aporta una radiografía detallada sobre cómo se posicionan hoy los uruguayos frente al sistema político. Los resultados muestran una ciudadanía que, en su mayoría, se ubica lejos de los extremos partidarios, con una fuerte presencia de actitudes dialoguistas y, al mismo tiempo, con niveles relevantes de desinterés y descreimiento hacia la política.
La investigación se inscribe en una línea de trabajos que FACTUM viene desarrollando para explorar no solo la intención de voto, sino también los sentimientos, actitudes y grados de identificación política de la población. En este caso, el foco estuvo puesto en cómo las personas se perciben a sí mismas frente al oficialismo, la oposición y el sistema político en general.
Predominio de posiciones intermedias
De acuerdo con los datos presentados, apenas un 15% de los ciudadanos se identifica con posturas cerradas: un 9% que apoya al gobierno en cualquier circunstancia y un 6% que se ubica en una oposición igualmente inflexible. En contraste, un 53% se posiciona en categorías intermedias, caracterizadas por una mayor apertura al diálogo y al reconocimiento de aciertos del otro lado del espectro político.
Dentro de ese grupo mayoritario aparecen distintos perfiles. Un 22% se define como “oficialista abierto”: vota al gobierno, pero reconoce valores y aciertos en la oposición. Un 18% se identifica como “opositor abierto”, es decir, crítico del gobierno pero no reacio a admitir aspectos positivos de su gestión. A ellos se suma un 13% que se ubica en una posición equidistante, sin alineamiento partidario firme y con una actitud más pragmática frente a las decisiones políticas.
Según Bottinelli, este conjunto representa a sectores que “tienden a escuchar, a dialogar y a ubicarse por fuera de la lógica de confrontación permanente que suele dominar el debate público, especialmente en redes sociales”.
Desinterés y descreimiento: casi tres de cada diez uruguayos
El estudio también revela un dato significativo: un 28% de la población se sitúa por fuera del sistema político en términos de involucramiento emocional. De ese total, un 9% declara directamente desinterés por la política, mientras que un 19% manifiesta descreimiento, es decir, una percepción negativa basada en experiencias previas de frustración o desencanto.
Si bien estas personas continúan participando del proceso electoral —el voto es obligatorio en Uruguay—, su vínculo con la política es distante y crítico. Para Bottinelli, este fenómeno constituye uno de los principales desafíos del sistema político, ya que “no se trata de ciudadanos apáticos, sino de ciudadanos que sienten que la política no responde a sus expectativas”.
Los extremos, muy visibles pero minoritarios
Uno de los puntos centrales del análisis es la diferencia entre visibilidad y peso real. Las posturas más radicalizadas, que suelen dominar el intercambio en redes sociales y algunos espacios mediáticos, representan en realidad una porción minoritaria de la ciudadanía.
“Los sectores más cerrados son los que más aparecen, los que más ruido hacen, pero no son la mayoría”, explicó Bottinelli. En ese sentido, el estudio sugiere que la percepción de una sociedad profundamente polarizada no se corresponde plenamente con los datos de opinión pública.
Estabilidad en el tiempo y leves desplazamientos
Al comparar los resultados con una medición anterior realizada en agosto, FACTUM detectó una estabilidad general en el posicionamiento de la ciudadanía. Las posturas dialoguistas descendieron levemente del 55% al 53%, mientras que las posiciones cerradas crecieron del 10% al 15%. No obstante, el politólogo aclaró que estos cambios se encuentran dentro del margen de error estadístico y que será necesario realizar nuevas mediciones para confirmar tendencias.
Bottinelli señaló que el leve aumento de las posturas más rígidas puede estar vinculado a un período de mayor confrontación política y mediática, donde ciertos temas sensibles —como la seguridad pública— adquirieron centralidad en la agenda.
Diferencias generacionales: desinterés y descreimiento
El análisis por franjas etarias aporta matices relevantes. Si se observa el total de desinterés y descreimiento, los porcentajes son relativamente similares entre edades, oscilando entre el 27% y el 31%. Sin embargo, al desagregar estos indicadores aparecen diferencias claras.
Entre los jóvenes de 18 a 33 años, el desinterés alcanza su punto más alto (18%), mientras que el descreimiento es menor. A medida que aumenta la edad, el desinterés disminuye, pero crece el descreimiento. En los mayores de 62 años, la desconfianza hacia la política se vuelve predominante.
“Esto tiene mucho que ver con las etapas de la vida y con la acumulación de experiencias”, explicó Bottinelli. “A medida que pasan los años, las personas sienten que fueron defraudadas una o varias veces, y eso se traduce en descreimiento”.
Un desafío para el sistema político
Los resultados del estudio plantean interrogantes de fondo para los partidos y dirigentes políticos. La mayoría de la ciudadanía no se siente representada por los discursos extremos, mientras que una porción significativa expresa distancia y desconfianza hacia la política en general.
En ese contexto, FACTUM advierte sobre la necesidad de repensar los mecanismos de representación, comunicación y construcción de consensos, especialmente para conectar con sectores moderados y con aquellos que, sin abandonar la participación electoral, se sienten cada vez más ajenos al sistema.
Lejos de una sociedad polarizada en dos bloques irreconciliables, el estudio dibuja el perfil de un Uruguay donde predominan la moderación, el pragmatismo y una creciente demanda de respuestas concretas por parte de la política.