En el marco de su visita a Paysandú, la Serenísima Gran Maestra de la Gran Logia Femenina del Uruguay, María Estela Vieras, ofrecerá hoy viernes una charla en la librería Posta del Libro sobre la historia, los valores y la labor de la masonería femenina. Antes de la actividad, dialogó sobre el sentido de esta institución y su expansión en el país con 20once. Aquí presentamos el resumen del encuentro.

—¿Cuál es el objetivo de la charla que ofrecerá hoy en Paysandú?
—En la charla de hoy buscamos conversar acerca de quiénes somos, qué hacemos en nuestra institución y qué busca la Gran Logia Femenina del Uruguay. También queremos hacer una apertura e invitar especialmente a las mujeres de Paysandú que deseen integrarse a nuestra orden.

—¿Cuál es el sentido de la masonería femenina?
—La masonería femenina, y en particular la Gran Logia Femenina del Uruguay, trabaja en el desarrollo de las virtudes del ser humano: virtudes que unen, que tienden puentes, como la tolerancia, la solidaridad, el amor al prójimo, el amor incondicional y el trabajo por el bien común. Son valores espirituales.
Si tuviera que definir la masonería, diría que es un camino de crecimiento espiritual. Busca el perfeccionamiento de la mujer en todos los aspectos: ético, moral, intelectual y, fundamentalmente, espiritual. Esos valores se practican en la orden y luego se trasladan a la vida cotidiana: la familia, el trabajo, la sociedad. Cuando una mujer cambia, cambia todo a su alrededor; así se transforma el mundo.

—¿Cuántas mujeres integran actualmente la Gran Logia Femenina del Uruguay?
—Hoy somos alrededor de 1.100 integrantes y tenemos 34 logias distribuidas en todo el país. En Paysandú contamos con un taller de trabajo llamado Constructoras, que funciona desde 2022.

—¿Cuántas mujeres participan en el taller local?
—Aproximadamente unas 50 integrantes.

—¿Con qué frecuencia se reúnen?
—Nos reunimos una vez por semana en nuestros talleres. La docencia masónica se basa en la simbología: trabajamos a través de los símbolos, que son disparadores para reflexionar sobre valores y acciones humanas. Por ejemplo, la escuadra, con su ángulo recto, representa la rectitud del ser humano.
También trabajamos con rituales, que implican silencio interior, meditación y conexión con aquello que nos trasciende, que llamamos el Gran Arquitecto del Universo.

—Además del trabajo interno, ¿qué temas abordan hacia la sociedad?
—En la Gran Logia Femenina trabajamos por y para la mujer. Tratamos temas como la violencia de género, la situación de la mujer migrante, la mujer monoparental, el rol de la mujer en la sociedad o el impacto del cambio climático. También realizamos mucha beneficencia, generalmente de forma anónima. Son temas actuales que afectan a la mujer en todas partes del mundo.

—¿El cargo de Gran Maestra es electivo?
—Sí. Es un cargo electivo, con voto secreto. Se renueva periódicamente; hasta ahora era cada tres años, y puede ejercerse por dos períodos consecutivos. Yo llevo casi seis años en el cargo.
Recientemente modificamos la constitución y ahora el mandato será de dos años.

—La masonería suele ser percibida como una institución secreta. ¿Qué tan cierta es esa idea?
—En realidad, no es secreta, sino discreta. Hoy cualquiera puede ir a una librería y comprar un libro que hable de masonería o que incluso describa los rituales. Pero lo esencial no puede leerse: se vive.
El secreto se preserva porque es vivencial. En el ritual hay silencios, gestos, palabras y alegorías que generan una transformación interior. Es una experiencia que no se puede transmitir en un texto, solo se puede vivir.
Y decimos que es discreta porque no vamos por la calle diciendo que somos masonas. No ocultamos lo que hacemos, pero tampoco lo exhibimos.

—¿Cómo puede una mujer interesada acercarse a la institución?
—Hay dos formas: una es por invitación de una integrante actual, y la otra es a través de nuestra página web, donde hay información y un correo de contacto. Allí pueden manifestar su interés, y luego coordinamos una entrevista.
La edad mínima para ingresar es de 21 años, sin límite superior.

—¿Ha crecido el interés por integrarse?
—Muchísimo. En los últimos seis años crecimos más de un 85%, tanto en cantidad de integrantes como en logias. El crecimiento se ha dado especialmente en el interior del país, lo cual consideramos muy importante. Nuestro principal trabajo hoy es llevar la luz y los principios masónicos a más mujeres.

—¿Cómo es la relación con la masonería masculina?
—La relación es muy buena. Tenemos un excelente vínculo con la Gran Logia de la Masonería del Uruguay. En Paysandú, por ejemplo, trabajamos en su templo prestado, lo cual facilita nuestra presencia en el interior, ya que construir un templo propio implica un costo importante.
En lo que respecta al ritual, trabajamos completamente separados: hombres y mujeres realizamos nuestras prácticas por separado. Pero compartimos actividades de beneficencia, charlas y conferencias.

—¿Cuántos miembros tiene la masonería en Uruguay?
—A nivel país, ellos son entre 3.000 y 4.000 integrantes, con más de 165 años de historia. Nosotras tenemos apenas 18 años como institución. Esperamos que, cuando lleguemos al centenario, seamos muchas más.