Aquí reproducimos la nota publicada en 2016 a Rosaire Cusimano, quien falleció en la jornada de ayer.
Vive en Paysandú. Rosaire Cusimano cumplirá 94 años el próximo domingo
El último sobreviviente «aliado»
En Paysandú vive el último sobreviviente «aliado» del país que peleó en el frente de batalla de la Segunda Guerra Mundial.
Hasta hace dos años vivía en Rocha otro combatiente que era uruguayo que había decidido alistarse a la legión extranjera.
Tocó la ceniza de decenas de mujeres y niños que habían sido encerrados e incinerados por nazis en una iglesia de Oradour-sur-Glane, en Francia.
Vio pasar cientos de bombarderos norteamericanos volando sobre su cabeza «como un enjambre de abejas» que, en señal de venganza, arrasaron la ciudad alemana de Pforzheim con 1.500 toneladas de bombas que mataron a un tercio de los habitantes de la ciudad. Estuvo días enteros sin comer y rodeados por las fuerzas enemigas.
Las raciones k (americanas) consistían en un paquete pequeño que incluía chocolate entre otros víveres.
Mató y vio morir a varios de sus compañeros porque desde el primer día estuvo en la línea de fuego de la guerra más sangrienta en la historia de la humanidad.
Convivir con la muerte
«Conviví con la muerte cada día», dijo Rosaire Cusimano (94) ex soldado francés nacionalizado uruguayo, en la redacción de 20Once acompañado de su hijo Christian.
Temió por su vida cuando estuvo encerrado, incomunicado un 1° de diciembre (invierno) y allí tuvo que matar a un alemán. Un Regimiento vino a auxiliarlos.
Pudo recuperar material fotográfico que orgullosamente nos muestra.
Nació en Túnez
Nació en Potinville, Túnez (Protectorado francés en esa época) el 8 de mayo de 1922, por lo que el próximo domingo cumplirá 94 años coincidiendo con el fin de la gran guerra.
En 1944, con 18 años, se alistó en el ejército galo. Fue enviado a un regimiento de infantería en Marruecos.
Poco después conformó una división de 1.200 soldados que participó de una operación de desembarco en el golfo de Saint-Tropez, zona que había sido tomada una semana antes por las fuerzas alemanas.
Conduciendo un camión semioruga todo terreno, Cusimano avanzó hacia Alsacia. Permaneció en el conflicto bélico hasta su fin e, incluso, integró durante meses las fuerzas de ocupación de Alemania junto a ingleses y norteamericanos.
En una de sus viejas fotos que hoy conserva su nieta Marion, que vive en Francia, se lo ve posando junto a la unidad que conducía, tirando de un vehículo alemán, que fue tomado como trofeo de guerra.
«Nosotros íbamos a un costado de los tanques y podíamos meternos en las zanjas para defendernos con ametralladoras. El enemigo esperaba que nos acercáramos a 30 metros para atacarnos con bazucas», señaló.
Feroces en la victoria, cobardes en la derrota
«Eran tan feroces e inhumanos en la victoria, como cobardes en la derrota. Mataban a sangre fría pero cuando caían prisioneros, gritaban llorando: ¡Camaradas, camaradas, clemencia!».
Cusimano vivió el peor momento en la matanza de Oradour-sur-Glane, el 10 de junio de 1944. «Como habían tenido tres o cuatro bajas a manos de los partisanos, los alemanes decidieron tomar a las mujeres y niños del pueblo», expresó.
«Los encerraron bajo llave en una iglesia y la prendieron fuego. Fue terrible, tuve las cenizas de los cuerpos en mis manos» describe el combatiente voluntario francés. Poco después, vino la venganza aliada. «Vimos pasar cientos de aviones como si fueran un enjambre. Iban a bombardear Pforzheim como respuesta a lo que habían hecho en Francia. Cuando pasamos por esa ciudad, prácticamente había sido borrada del mapa. El hedor de los cadáveres se sentía a kilómetros de distancia», relató.
Como en toda guerra, se cometieron abusos de todo tipo pero Cusimano vio cómo los errores se pagaban muy caros, hasta con la vida.
«En mi unidad nos tocó fusilar a dos de los nuestros porque habían violado a mujeres alemanas», contó el soldado galo evocando aquel episodio.
«Nos pusieron a todos en línea e hicieron pasar a las mujeres para que reconocieran a los abusadores. ¡Por Dios, mirá si se equivocan!», pensó en aquel momento.
Cusimano dice que su actitud siempre fue respetuosa en el marco del conflicto bélico que se vivía. «No fui ni un cobarde y tampoco impulsivo. Me limitaba a hacer mi trabajo y cuando tenía que tirar con la metralleta había que hacerlo porque era una orden y debíamos defender a nuestros compañeros. Solo maté a un soldado enemigo que apareció por detrás y ya nos tenía en la mira», recordó.
En otra oportunidad, cuando ingresó a una casa alemana, decidió perdonarle la vida a un hombre que estaba con su familia.
«Lo encontré tirado y con mucha fiebre. Lo toqué, lo miré y me di cuenta que no era necesario matarlo porque estaba en las últimas. Su mujer me agradeció profundamente en un alemán que poco a poco comenzamos a entender. Todo fue muy duro en ese entonces», dice Cusimano, mientras sus manos arrugadas miran los documentos que acreditaron su entrega en el frente.
Una anécdota que nos cuenta es que en plena guerra Rosaire estaba atrincherado en una carretera y había unos alemanes que gritaban “heridos”, y un superior le grita y luego lo mató a su propio soldado.
Considera que la parte artística de Francia se pudo preservar porque algunos altos jerarcas fueron amantes del arte.
Rosaire tenía pensado hacer la escuela aeronáutica que estaba en Francia, pensaba ir a estudiar y devino en ese entonces la ocupación. Por lo tanto decidió alistarse al ejército, fue por su cuenta. Era obligación hacerlo a los 21 no a los 18 como él lo hizo.
A Uruguay
Al finalizar la guerra, Europa estaba devastada y su Túnez natal lejos de la paz se vio convulsionado con alzamientos que promovían la independencia de Francia. Con un grupo de amigos optó por emigrar hacia Brasil (a Londrina, Mato Grosso), pero en ese país las condiciones no eran las que le habían prometido. Les prometían tierras que demoraban en adjudicar. Entonces resolvió viajar a Montevideo. «Era lo más parecido a Europa y por eso decidí quedarme», dijo Cusimano.
En Montevideo trabajó en una armería, limpiaba y calibraba las armas. Encontró un clima similar a Túnez, fundamental para que pueda radicarse aquí.
En Paysandú lo hizo administrando y trabajando en estancias y luego pudo acceder a su propia chacra.
Embajadas de Alemania y Francia conmemoraron juntas
El año pasado en un hecho inédito, las embajadas de Francia y Alemania, conjuntamente con una delegación de la Unión Europea, participarán hoy en actos conmemorativos de los 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial que causó entre 45 y 70 millones de muertos.
Las ceremonias se hicieron en el panteón alemán ubicado en el Cementerio del Norte, donde se encuentran enterrados marinos del acorazado Graf Spee. Luego concurrieron ambas representaciones al panteón francés ubicado en el Cementerio Central.
El año pasado fue la primera vez que se hizo en Uruguay un acto común conmemorativo del fin de la Segunda Guerra de las embajadas alemana y francesa, y con coronas de ambas representaciones diplomáticas.
