La hora del campo

M.G.

El tema es conocido por todos y ha levantado la temperatura del mes de enero, más de la habitual.

A través del sistema de mensajería whatsapp circuló una convocatoria. Hay quienes cuestionan la legitimidad de la forma.

Es que todo cambia y muchas acciones se canalizan por vías no tradicionales. No decimos que está bien ni que está mal, sí que es una realidad.

Las redes, el whatsapp tienen una instantaneidad que no tiene lo institucional.

Negar de estas herramientas es ir contra la corriente.

Quizás sea esta una buena oportunidad para que se escuchen con más fuerza los reclamos por parte de los productores, de todos, de grandes, medianos y chicos.

El derecho al pataleo es lícito y necesario en una sociedad, sirve para salir de la “zona de confort” y para visibilizar los reclamos.

Algunos serán más atendibles, otros no tanto.

Superar la “politización” que tiene el tema es absolutamente crucial en momentos que todos aprovechan para arrimar agua a su molino.

El gobierno debe escuchar los planteos. No decir que sí a todo pero si contemplar los reclamos que considere tengan asidero.

Hubo años buenos para el campo, otros no tanto. Los últimos se han caracterizado por el endeudamiento del sector, la mecanización, el descenso de los precios internacionales.

Claro, la rentabilidad se afecta.

Es un sector que no se lo puede dejar caer.

No me gusta lo de socializar las perdidas, algo muy común en nuestro país pero hay que buscar un camino.

El campo genera mucho más que las UPM pero se le ofrece mucho menos.

Genera entre 60 y 70 mil puestos de trabajo según datos oficiales.

Tiene que haber herramientas, se tienen que encontrar para salir de esta coyuntura.

La mayoría son pequeños y medianos, casi el 70%, el grueso de los productores pertenece a  medianas y pequeñas empresas.

Es un sector que tiene otros problemas que requieren otras soluciones de fondo, políticas de largo aliento para que se radiquen familias jóvenes.

Diseñar políticas para cambiar esta realidad es imperioso.