«No le disparen al pianista; lo hace lo mejor que puede».
Se originó alrededor de 1860 en el Salvaje Oeste de los Estados Unidos.

Graciela Ruth Paz
Cuando para el Día de Reyes esperamos la muñeca con la casita o el bebote con cochecito o en otro caso la pelota (la oficial, la buena, eh?) y la camiseta del club de nuestros amores (con lo significativo que resulta el amor a un cuadro de fútbol) y nos dejan la mochila, la túnica y todos los útiles escolares, un 6 de enero, nuestra decepción, nuestro desconsuelo y por qué no nuestra rabia explícita a través de lágrimas y pataleos, no tiene ni tendrá atenuante por más que los mayores nos justifiquen la acertada decisión de los Reyes Magos “porque tienes 40 muñecas flacas”; “la pelota siempre la revientas o la olvidas en la vereda” y la camiseta (invariablemente de Suárez o por ahí de la Celeste)”te quedará chica enseguida”.
La frustración ante la no materialización de lo deseado, la esperanza trunca suele ser muy grande (más grande) cuando parte de nuestros referentes. La cadena de Radio y TV que se suponía iba a responder a las demandas de los autoconvocados, era en el enorme y variopinto imaginario colectivo el mensaje de nuestro presidente, de los miembros del ejecutivo o de la cúpula más allegada a nuestro primer mandatario. Podrá cuestionarse que Canepa en la era Mujica tenía problemas de dicción, pero aparecía. En toda ocasión, en toda oportunidad, para sostener, apoyar, ilustrar, dar forma, acompañaba al presidente de ese entonces. Algo de “el sol siempre está”.
Para la sorpresa de todos, el protagonista fue un comunicador sin pena ni gloria que enseguida quiso deslindar afinidades (no quiero quedar mal con nadie) y se apresuró a manifestar que no es esto ni eso, ni lo otro ni nunca fue. A lo sumo se identificó con un cuadro de fútbol porque a algo tiene que pertenecer. El problema no es Vilar ni si manejó un ómnibus (¡Cuan despectivos somos los uruguayos muchas veces!) ni su cuadro de fútbol ni su desempeño en los medios (noticas truculentas y afines). La cuestión es qué motivo llevó al presidente a ponerlo de vocero y rehuir a hacerlo con su presencia. Hasta Andrés Roballo hubiera sido una buena opción, creo. Paralelamente habría que preguntarse en primer lugar quien está pendiente de una cadena de radio y TV a las 20 horas en este verano final de carnaval, terminando las vacaciones y pensando en el inminente comienzo de las clases, entre las propuestas de la TV para abonados y las series que atrapan a todos por igual.
De todas maneras entre los que nos propusimos ver la cadena y los multiplicados por miles en la inmediatez de las redes, pocos recordamos el mensaje y casi todos asumieron que Vilar era el depositario de nuestra ilusión desvanecida ante los útiles escolares que encontramos en los zapatitos, muy ajenos a nuestros anhelos que depositamos junto al pastito y el agua.
Otra desacertada actuación del gobierno cuando aún no nos habíamos repuesto del insuceso con el colono Gabriel Arrieta y el comunicado en la página de presidencia exponiéndoles por ser un productor chico que no pudo pagar su renta, vive en un ómnibus desvencijado y no tiene un cargo nacional departamental para ser un colono “digno”.
Hay que cuidar la comunicación y la forma (sonó la palabrita estos días ante una pretensión de regular los medios). No todos se pueden dar el lujo de la improvisación e informalidad oral de nuestro ex José Pepe Mujica. Mujica fue Mujica, le pese a quien le pese y se le perdonaba casi todo aunque fuera letra de cuplé de murga. Captó la atracción y provocó el aplauso aquí y allá y enamoró a más de uno fuera de nuestras filas frenteamplistas, híbrido de sabelotodo letrado y termómetro de opinión pública. Pero eso se dio dentro de la coyuntura del 2do. gobierno del frente amplio con el guiño simpático y oportunista de la mayoría de los medios de prensa, y con una historia dura a cuestas que no usaba como salvoconducto ni como prebenda, mezcla de paisano simple (pero no tonto), de gaucho pobre y austero, de patriarca viejo que vino a aconsejar y a predicar con el ejemplo y a gobernar un poco para la tribuna también.
Ahora estamos debatiendo (poniendo en juego) la continuación de un proyecto de país y a los saltos por los “nuevos” reclamos de siempre: educación, seguridad, vivienda, agudizados por el paso del tiempo y perfeccionados por los detractores de siempre, ejercicio de falta de escrúpulos, de respeto que se muestra de manera ufana en las redes sociales.
No matemos al mensajero cual frase de Plutarco en una de sus obras. Trabajemos en una agenda de comunicación evitando la sobreexposición innecesaria, entre tanto comité de esto y de lo otro, de “apoyo a la promoción de”, sociólogos, politólogos, algún ministerio que se divide y subdivide en decenas de ramas de la interpretación y análisis de la realidad, y siglas sutiles y creativas y que pretenden trabajar con otra minucia más de la sociedad ya bastante fragmentada, para recuperar la credibilidad de esta administración.
Cuando las acciones que enriquecen la comunicación estratégica, son coordinadas y sostenidas con coherencia y precisión, cumplen su principal objetivo que debe ser siempre fortalecer los vínculos ante los distintos públicos, prestando atención, en todo momento que lo que se dice y se hace guarden consonancia. La comunicación es como el corazón de una empresa o institución, indistintamente de qué tan cautos seamos a sus ruidos y delirios. Transmitir y gestionar canales de información implica un compromiso, que más que intrínseco, se convierte en social.
Se requiere propósito y visión dado que su principal misión es la construcción de una identidad fuerte y sólida. Identificar a un vocero que de la cara ante nuestros medios con determinación y empatía, siempre será la clave. Es esto lo que dará validez y solidez a los enunciados enalteciendo el propósito comunicador y afianzando la apropiación por parte de los destinatarios.
Antes del 2019 electoral nos queda este 2018 y por como comenzamos nada para aplaudir.