Marcos Cabrera Gallo
Técnico Prevencionista

Uruguay dio un gran paso como país en materia de seguridad e higiene en el trabajo al aprobar el decreto 125/2014, en sustitución al decreto 89/1995. Pero… ¿debemos conformarnos? Nos parece que no. Es importante celebrar los avances pero también estar atentos a las realidades de otros sectores que cuentan con regulaciones poco adaptadas a la realidad. Es necesario sumar el involucramiento de todas las partes interesadas para trabajar en la actualización de otros decretos, que por los avances tecnológicos que han tenido las distintas industrias y el conocimiento que se tiene del comportamiento del mundo del trabajo, se han quedado vetustos.
Como ejemplos de esta circunstancia podemos mencionar los decretos 406/1988 y 372/1999 de la industria forestal. Y fundamentalmente sobre este último caso haremos foco en algunos detalles. Este decreto surgió para dar respuesta a una industria, entonces incipiente en el país, con grandes inversiones multinacionales y con una perspectiva, hoy ya materializada, de ser un rubro fuerte, con inversiones a mediano y largo plazo. En 1999 el decreto estaba adaptado a una realidad de tareas mayoritariamente realizadas de forma manual. Con el correr de los años la industria incorporó la mecanización a la mayoría de las actividades y nos encontramos hoy que la normativa vigente en seguridad y salud no contemplan la mayoría de los principales riesgos que se presentan a diario para los trabajadores del sector.
La cadena productiva consta básicamente de las siguientes etapas:
– Laboreo y preparación de la tierra.
– Plantación.
– Mantenimiento (aplicaciones, podas, reposiciones, etc.).
– Cosecha.
Dentro de las etapas identificadas, la plantación ha tenido muchas transformaciones. Se pasó de realizarse cien por ciento manual, con una pala y la necesidad de que el operario se tenga que agachar con cada plantín, a utilizar herramientas alternativas como el sarapico que permite realizar la plantación sin la necesidad de agacharse o la implementación de máquinas plantadoras que solo requieren que los operarios suministren los plantines a la máquina.
Y hablando de transformaciones, no podemos dejar de mencionar el importante avance y transformación que tuvo la etapa de cosecha. Motivado por la cantidad de accidentes que generaba y la gravedad de los mismos, el uso de la motosierra ha quedado casi que relegado, siendo sustituido en las tareas con máquinas de alta tecnología que realizan todo el proceso de cosecha (apeo, pelado, trozado, engavillado).
Esto ha cambiado la realidad del sector. Antes el uso de las motosierras era la principal causa de los accidentes; hoy, la nueva realidad, nos muestra que los principales accidentes se dan en las actividades relacionadas al mantenimiento mecánico de las herramientas y equipos forestales.
Los principales actores del sector son empresas multinacionales (Montes del Plata y UPM Forestal Oriental); empresas que motivados por los requerimientos para acceder a certificaciones internacionales y su experiencia en países de América y Europa con mayor desarrollo y conocimiento del mercado, han ido implementando estándares, manuales, procedimientos, etc. procurando complementar con normas internas las carencias que existen en la normativa legal uruguaya.
La incorporación de técnicos prevencionistas como requisitos a las empresas contratistas ha profesionalizado la gestión de la seguridad y salud del sector, pero estamos convencidos que todos estos avances deben contemplarse en una nueva normativa que se adapte a la realidad y contribuya a seguir mejorando la seguridad y salud de un sector que se muestra como uno de los pocos “inmunes” a la fluctuante realidad económica internacional.
Es necesario que los técnicos estemos a la altura de los desafíos de la actualidad, trabajando en conjunto con organismos gubernamentales, empresas y trabajadores. Tenemos roles relevantes para cumplir aportando ideas desde nuestro saber profesional, gestionando de buena forma la seguridad, capacitando y capacitándonos para hacer del sector forestal un sector sustentable en lo que refiere a las fuentes laborales, pero también para hacer que la forestación sea un industria segura para sus trabajadores.