Desde Paysandú a Singapur, la sanducera se convirtió en pionera de la natación de aguas abiertas, buscando en el extranjero lo que su país aún no le puede dar.

A los 19 años, Pilar Cañedo ya hizo historia como la primera uruguaya en competir en una Copa del Mundo de aguas abiertas. Su presente la encuentra entrenando en Brasil, preparándose para su primer Mundial absoluto, y soñando con una clasificación olímpica. Su motor: la disciplina, la familia y una pasión inquebrantable.

A los siete años se sumergía en las aguas del Club Remeros de Paysandú sin imaginar que, más de una década después, estaría nadando con las mejores del continente, representando a Uruguay en campeonatos internacionales. Pilar Cañedo no solo es una promesa del deporte celeste: es una realidad que se abre paso, muchas veces contra la corriente.

Su carrera comenzó en el interior uruguayo, pero rápidamente entendió que para crecer necesitaba dar saltos más grandes. Así fue como se trasladó a Montevideo, donde representó al club de las alas rojas, Olimpia, y desde allí, cruzó fronteras en busca de mejores oportunidades de entrenamiento. Su destino final: Porto Alegre, Brasil, donde entrena actualmente en un entorno de alto rendimiento.

Allí encontró lo que Uruguay aún no puede ofrecerle: infraestructura, planificación, equipo médico, psicólogos, nutrición, alojamiento y un entorno profesional enfocado 100% en la natación de fondo y aguas abiertas. “Acá nado entre 9.000 y 10.000 metros por sesión. En Estados Unidos, por ejemplo, entrenaba la mitad. No era lo que necesitaba”, relata. Su paso por el país del Norte fue una experiencia amarga: un entorno masculino que no contemplaba diferencias físicas ni ritmos de entrenamiento para mujeres, escasa exigencia técnica y una sensación de retroceso que la afectó.

“Sentí que había desaprendido a nadar. Me fui con una beca y volví frustrada. Fue un golpe emocional muy grande”, confiesa. La presión institucional, el aislamiento y la falta de acompañamiento la llevaron a tomar una decisión clave: volver a Brasil, donde había entrenado previamente, y retomar el rumbo con la ayuda de su familia, su principal sostén económico y emocional.

El gran salto

El esfuerzo valió la pena. Tras meses intensos de entrenamiento y Pilar logró la clasificación al Panamericano Junior en Guatapé, Colombia, y se prepara para competir en su primer Mundial absoluto, que se celebrará en Singapur el 14 de julio. Luego, en agosto, afrontará el Panamericano Junior, una competencia que siempre soñó.

“Yo siempre quise llegar a un Panamericano. Era ese el objetivo que sentí posible si te esforzás. Pero nunca imaginé estar donde estoy hoy. La Pilar de hace cuatro años no lo habría creído”, dice emocionada.

Actualmente entrena con atletas de primer nivel como la ganadora y la subcampeona panamericana en aguas abiertas, además de la olímpica brasileña Viviane Jungblut. Ese entorno de excelencia la impulsa: “Estar rodeada de gente que está en un nivel superior te obliga a mejorar. Uno copia lo bueno, lo absorbe. Y crece”.

Infraestructura vs. talento

Uno de los puntos centrales que destaca Pilar es la falta de infraestructura en Uruguay. “Solo hay una piscina olímpica de 50 metros en todo el país, la de Maldonado. En Montevideo, ni eso. Entrenar para fondo en piscinas de 25 metros es agotador y técnicamente ineficiente. Es muy difícil llegar a nivel élite con esas condiciones.”

También denuncia la escasez de apoyo económico e institucional. “Ni la Federación Uruguaya de Natación ni el Comité Olímpico Uruguayo apoyan competencias internacionales como los mundiales o sudamericanos. Solo en contadas excepciones como los Panamericanos, te cubren algo. Pero por lo general, todo corre por nuestra cuenta.”

A pesar de haber clasificado al Mundial del año pasado, Pilar no pudo asistir por falta de recursos. “Fue muy frustrante. No tener dinero te margina, más allá de tu rendimiento.”

Los sponsors son escasos y conseguirlos, sobre todo desde el exterior, es aún más difícil. Por ahora, su familia sigue siendo quien sostiene económicamente su carrera, con esfuerzo y sacrificio.

Un presente de fuego y hielo

La vida en Brasil no es sencilla, pero Pilar ha sabido adaptarse. Entrena incluso con temperaturas bajo cero en piscinas abiertas por estos días fríos en la capital de Río Grande do Sul. Lucha contra resfriados y fatiga, y aun así no pierde la motivación. “Esta semana estoy engripada. Volví de Colombia con el cuerpo agotado, pero igual estoy entrenando. Acá hace frío, nadamos con dos grados de sensación térmica. Pero cuando recordás tus objetivos, no te permitís aflojar.”

La disciplina es su gran fortaleza. Aunque admite que al principio de su carrera no era tan rigurosa, con el tiempo comprendió que el éxito está en el detalle. Su rutina está cuidadosamente planificada: alimentación saludable, suplementación, descanso y entrenamientos de alta intensidad. “El que nada puede comer bastante porque quema mucho, pero siempre cuidamos la calidad: frutas, verduras, carbohidratos, proteínas, todo medido.”

De cumpleaños y sueños olímpicos

Al momento de la entrevista, Pilar estaba por cumplir años. Lo celebraría con sus compañeros de equipo y con el corazón lleno de metas. “Hoy es el cumpleaños de mi mamá. El mío es mañana. Vamos a festejar las dos.” Entre saludos y afecto, su mirada sigue puesta en el horizonte.

Cuando le preguntan si disfruta competir, no duda: “Sí, lo disfruto. En los entrenamientos me presiono mucho, pero cuando llega la competencia intento confiar en lo que hice y vivir el momento.”

Entre sus próximos objetivos, además del Mundial de Singapur y el Panamericano Junior, está clasificar al Panamericano de mayores, seguir compitiendo en Copas del Mundo y, por supuesto, llegar a unos Juegos Olímpicos. “Ser olímpica es el sueño más grande. Pero todo depende del apoyo. A veces, no llega el que rinde más, sino el que tiene más recursos.”

La corriente no la arrastra, la impulsa

Pilar Cañedo es una joven de 19 años con gran madurez. Su historia no es solo la de una deportista de alto rendimiento; es la de una luchadora silenciosa que entrena mientras otros descansan, que compite mientras el país la mira poco, y que representa a Uruguay incluso cuando nadie le paga el pasaje.

 

Su travesía recién comienza. Pero si algo ha demostrado es que cuando el talento se combina con determinación, ni la falta de recursos, ni el frío, ni la distancia pueden detener a alguien que nada con el corazón.