La natación del Club Remeros Paysandú está viviendo cambios importantes liderados por un hijo de la casa: Fernando Wilkinson. Hoy, en su rol como Head Coach de la natación competitiva, impulsa un proyecto ambicioso que busca mucho más que ganar medallas: formar nadadores completos, proyectar talentos a nivel internacional y devolverle a la institución el protagonismo que supo tener en sus años dorados.

Un vínculo que nunca se cortó

Fernando Wilkinson se emociona al hablar del club y se le pianta algún lagrimón. No lo hace desde el lugar del profesional, sino del que fue, del que es y del que sigue siendo parte. “Me crié acá adentro. Hice todo en el club. Siempre tuve ese vínculo”, cuenta a 20Once. Durante años, a pesar de estar radicado en San Pablo desde hace unos años y antes en el norte de Brasil y trabajar en el sistema deportivo brasileño, siguió en contacto con la institución, visitando, brindando clínicas, observando. Algo dentro suyo sabía que algún día volvería, pero no de visita, sino a trabajar en serio.

Ese día llegó hace poco más de tres años, cuando comenzó a gestarse el proyecto junto con la directiva del Club Remeros, liderada por referentes como Andrés Klein y Fernando Artía. A fines de 2024, con el respaldo de la comisión de padres y el impulso de la dirigencia, se formalizó su llegada como coordinador y jefe del área de natación.

Un proyecto que va más allá de la competencia

“Cuando pensamos este proyecto, no era solo para la natación competitiva. Era para ayudar al club en general”, explica Wilkinson. Desde el comienzo, la idea fue profesionalizar toda el área: actualizar la enseñanza, modernizar las metodologías, crear un semillero sólido y construir una estructura que no dependa de resultados inmediatos, sino de procesos sostenidos en el tiempo.

“Hoy estamos formando nadadores que, en 5 o 6 años, puedan estar compitiendo en el más alto nivel. No nos apura tener campeones infantiles; queremos tener nadadores sólidos a los 16 o 17 años”.

Este enfoque se nota en cada detalle: desde la clínica inicial que se desarrolló en diciembre de 2024, donde se capacitó a los profesores en nuevas metodologías, hasta la planificación técnica que se aplica actualmente en las distintas etapas formativas.

Del Comité Olímpico de Brasil a la piscina del Remeros

Fernando no vino con las manos vacías. Como integrante del Comité Olímpico Brasileño, trajo consigo un programa estructurado, probado y de elite. El mismo que se aplica en selecciones de base en Brasil y que busca formar atletas a largo plazo.

“Lo que estamos haciendo en Paysandú es implantar ese modelo. Un sistema que incluye enseñanza técnica, trabajo físico, formación mental, nutrición, fisioterapia, psicología deportiva y mucho seguimiento individualizado. Es un combo integral”.

El objetivo, dice, es que ningún nadador tenga que irse a otro club o a Montevideo para poder desarrollar su carrera. “Queremos que el Club Remeros sea un lugar donde el nadador tenga todo lo que necesita para competir al más alto nivel. Solo necesitamos organización y compromiso, y eso lo estamos logrando”.

Resultados que empiezan a aparecer

En tan solo seis meses de ejecución formal del plan, los resultados comenzaron a notarse. “Tuvimos logros que no se veían antes. Algunos nadadores ya están cerca de marcas técnicas y récords. Competimos mejor, los tiempos mejoran, y lo más importante: hay motivación, compromiso y una base que crece”.

Hoy en día, el área de enseñanza cuenta con más de 100 nadadores, mientras que la natación competitiva se estructura en niveles: pre-infantiles, infantiles A y B, y algunos juveniles que están comenzando a entrenar bajo el nuevo sistema.

“Empezamos con dos o tres. Hoy hay grupos armados y vamos creciendo. Pero lo más importante es que lo hacemos sin apuro. No queremos empujar a nadie a competir antes de tiempo. Queremos que disfruten nadar y se enamoren del proceso”, dice Wilkinson.

El equipo detrás del equipo

Fernando es el rostro visible, pero insiste en que este es un proyecto colectivo. “No trabajo solo. Todo esto es posible gracias a los profesores, la directiva, los padres. Todos están empujando hacia el mismo lado. Eso es lo que hace la diferencia”.

Una figura clave en esta etapa ha sido la profesora que trabaja como coordinadora del proyecto junto a él. Además, el club ha sumado otras áreas: nutrición, fisioterapia, psicología deportiva. “La natación ya no es solo nadar. Es formar personas fuertes física y mentalmente. Y eso lleva trabajo, estudio y compromiso”.

Crecer sin perder la esencia

La realidad de Paysandú, reconoce, ha cambiado. Hay más lugares para aprender a nadar, pero pocas estructuras para sostener una carrera deportiva completa. Por eso, el Club Remeros busca ofrecer algo distinto: un programa integral, no solo clases o entrenamientos sueltos.

“La vida cambió. Es difícil mantener a los adolescentes en el deporte por estudio, trabajo, transporte. Pero nosotros queremos que sientan que pueden quedarse. Que acá tienen una oportunidad real de llegar lejos”.

Ya se están ofreciendo becas y se abren espacios para chicos y chicas que antes no podían acceder. “La idea es sumar. Que vean a los nadadores que ya están compitiendo y quieran estar ahí. Y eso está empezando a pasar”, asegura.

Una visión de futuro

El plan es claro y ambicioso. Fernando sueña con ver al Club Remeros formando parte de la conversación en la natación a nivel internacional. Pero no como un sueño aislado, sino como una consecuencia lógica de un trabajo bien hecho.

“Queremos tener atletas que lleguen a selecciones nacionales. Que puedan ir a universidades con becas deportivas. Que no tengan que irse del club porque les falta algo. Queremos darles todo acá”.

Y eso, insiste, se logra con procesos, con planificación, con profesionalismo. Pero sobre todo con pasión. Esa misma que lo trajo de vuelta a casa, y que hoy contagia a todos los que lo rodean.