En 1989 lo conocí a Mario Molinari, como docente de Filosofía. Un profe distinto, de eso no hay dudas, por su bonhomía, por su sencillez. Tenía cercanía con el estudiante, no había mayor distancia lo que lo hacía singular, horizontal. Nos mandaba a sacar fotocopias a Olyplus, allí en 33 orientales casi 18. Al trabajar en El Telégrafo se generó un vínculo, por nuestro común interés por el periodismo por lo que la relación personal se prolongó en el tiempo. También por nuestro gusto por la reflexión, Mario te hacía pensar. Cuando volvíamos a Paysandú, el saludo afectuoso y la frase para reflexionar estaban presentes. A Emiliano lo conocimos mucho después al igual que a sus tíos y primos. Hoy nos jerarquiza con sus aportes económicos en 20Once. No tuvimos mucha suerte con Mario para escribir, pero con creces lo suplió Emiliano.
Siempre con una frase que provenía desde el campo filosófico, “estamos cabalgando sobre una necesidad objetiva” o “Hay que sembrar dudas para cosechar conocimiento”, “El éxito se ostenta el fracaso se oculta”, o recordar las tres virtudes teologales, fe, amor y esperanza”
Llegó a trabajar y en su propia voz lo escuchábamos en los tres sectores de la economía, primario, secundario y el de servicios (apicultura (Calapis), carpintería y en el diario y también como docente.
Es autor de un libro sobre el sindicalista Hermes “Conejo” Pastorini, muy bien escrito y que lo devoramos en su momento.
En su moto Mario se desplazaba y hacía el parate obligado para conversar, eso que a veces escasea en nuestra sociedad, en el puesto de Ghillermoni o en otro sitio.
Una propuesta que seguramente será bien recibida, los talleres de filosofía que se hacen en el marco de la fiesta de la Prensa, debería llevar el nombre de Mario.
