La Comisión Pro Saneamiento de Nuevo Paysandú, integrada por ocho vecinos, impulsa desde 2018 un reclamo histórico: la construcción de la red de saneamiento para cinco barrios del norte de la ciudad. Con más de 10.000 habitantes afectados por pozos contaminados y riesgos sanitarios crecientes, la obra no aparece en el presupuesto de OSE, pese a que su costo ronda los 10 millones de dólares. Mientras tanto, la organización comunitaria crece y ahora busca fortalecer su voz a través de una Coordinadora Norte de Saneamiento.
En 2018 un grupo de vecinos de Nuevo Paysandú decidió que la resignación no podía ser la única respuesta frente a un problema que condiciona la vida de miles de personas: la ausencia de saneamiento. Así nació la Comisión Pro Saneamiento con un objetivo claro y único: lograr que la zona cuente con una red que permita dejar atrás décadas de pozos negros, aguas contaminadas y riesgos para la salud.
La comisión está integrada por ocho personas —entre ellas Rubén Maciel, Alejandro Álvarez y Mauro Milán— que coordinan el trabajo de campo. “Esto no es un reclamo para nosotros solos. Es para toda la comunidad: nuestras madres, hermanos, sobrinos y nietos siguen viviendo en el barrio”, señalan los integrantes.
El área que abarca el proyecto es amplia: incluye a Nuevo Paysandú, Barrio Norte, Las Brisas, Echepare y Los Olivos. Según el último censo, allí viven más de 10.000 personas distribuidas en alrededor de mil padrones, muchos de los cuales alojan hasta tres o cuatro familias.
Firmas, padrones y burocracia
Uno de los primeros pasos fue cumplir con un requisito administrativo clave: que cada vecino firme una solicitud formal de saneamiento para OSE. La comisión ya logró presentar casi 400 expedientes, cada uno acompañado de datos completos como nombre, dirección, padrón y número de cuenta de OSE. “Seguimos recibiendo documentación todas las semanas, porque sabemos que la presión organizada tiene más fuerza que el pedido aislado”, explican.
Para facilitar el proceso, los vecinos instalaron una oficina comunitaria en un salón cedido por una familia del barrio. Allí se recibe la documentación de lunes a sábado, se sacan fotocopias y se orienta a quienes no pueden movilizarse. “Somos ocho para una población de más de diez mil. Es poco, pero la organización multiplica”, remarcan.
Una obra costosa, pero impostergable
La comisión estima que la obra tendría un costo inicial cercano a los 10 millones de dólares. El punto central del proyecto es la construcción de un “caño madre”, infraestructura indispensable para que luego se extiendan las redes secundarias.
Sin embargo, la última reunión mantenida con el directorio de OSE trajo un balde de agua fría: el proyecto no fue incluido en el presupuesto vigente. La explicación oficial es que el organismo aún debe cumplir con compromisos asumidos por la administración anterior, que implican inversiones millonarias en otras localidades.
“Ya nos pasó en el periodo pasado: nos dijeron que estaba aprobado y que iba a salir. Al final, no salió nada. Ahora nos confirmaron que no está en el presupuesto. Es frustrante, pero no vamos a aflojar”, señalan desde la comisión.
Riesgos sanitarios crecientes
El reclamo no es solo una cuestión de comodidad o urbanización, sino de salud pública. En la zona conviven miles de familias con pozos negros desbordados y vertientes de agua contaminadas. “Antes, cuando éramos 4.000 habitantes, un pozo negro y un pozo de agua podían convivir. Hoy, con más de 10.000 personas, los pozos están todos contaminados y las barométricas no dan abasto”, explican.
En algunos hogares conviven hasta tres pozos negros. “Eso genera filtraciones, humedad y contaminación que terminan afectando directamente al agua. Es insostenible”, denuncian.
Organización y resistencia
Pese a las dificultades, la Comisión Pro Saneamiento mantiene viva la esperanza. Uno de sus próximos pasos es la creación de una Coordinadora Norte de Saneamiento, que agrupe a los distintos barrios de la zona y les permita presentarse con más fuerza ante las autoridades.
“La unión hace la fuerza. Si hablamos todos juntos, con una sola voz, la presión es mucho mayor”, sostienen los impulsores. La idea es coordinar acciones conjuntas y evitar que cada barrio enfrente la problemática de forma aislada.
Mientras tanto, la comisión continúa con charlas barriales, recolección de firmas y concientización. Una de las dificultades es convencer a algunos vecinos que se resisten a conectarse al saneamiento por el costo que implica. “Hay que explicar que el gasto es mínimo frente al beneficio para la salud. Y que además existen mecanismos para financiar la conexión”, aclaran.
El horizonte
La expectativa de los vecinos era que la obra quedara incluida en este quinquenio. Ahora saben que el camino será más largo. “No tenemos plazo. La lucha va a seguir hasta que el saneamiento sea una realidad. Queremos que, al menos, quede planificado para el próximo periodo”, afirman.
Mientras tanto, el trabajo comunitario sigue siendo la base. Con reuniones periódicas, una oficina abierta y un compromiso voluntario, los vecinos de Nuevo Paysandú y alrededores intentan demostrar que la organización puede abrir caminos donde la política se estanca.
“Si el vecino no se organiza, no hay forma. Esperar sentado no sirve. Esta es una obra impostergable para la salud de miles de personas”, concluyen los integrantes de la comisión.



