“La persona más importante de mi vida soy yo”: Agustina Pérez Gomar congregó una atenta platea en Paysandú con una charla sobre autenticidad y amor propio. Una tardecita de reflexión, emoción y conexión interior fue la que se vivió durante la charla brindada por la psicóloga Agustina Pérez Gomar, titulada “La persona más importante de mi vida soy yo”. Frente a un público atento y participativo, Pérez Gomar propuso un viaje hacia el interior de cada persona, un reencuentro con el propio valor en un mundo dominado por la inmediatez y los filtros de la perfección.
“La persona más importante de mi vida soy yo”, comenzó diciendo la psicóloga, marcando el tono de lo que sería una charla profundamente humana. “Se trata de encontrarle sentido a la vida de cada uno de nosotros. Porque todos tenemos algo único para darle al mundo”, agregó, mientras el auditorio escuchaba en silencio.
Autenticidad frente a los filtros
En un tono cálido pero firme, Pérez Gomar criticó la cultura de la perfección que se impone a través de las redes sociales.
“Vivimos en un mundo de filtros, de vidas perfectas que se venden en Instagram. Nos muestran caras perfectas, cuerpos perfectos, casas perfectas. Pero la felicidad no está ahí. Está acá adentro”, expresó señalando el pecho, mientras el público asentía.
“Somos perfectamente imperfectos, como me gusta decirlo”, continuó, provocando sonrisas y un murmullo de aprobación. “Lo importante es ser auténticos, porque ahí reside la verdadera belleza”.
La psicóloga advirtió también sobre la tendencia a compararse con los demás. “Muchas veces estamos mirando al vecino, poniéndole el valor afuera, y nos olvidamos de lo valiosos que somos nosotros mismos. Buscamos validación, cuando en realidad el reconocimiento más importante tiene que venir de adentro.”
El poder de una mirada
Uno de los momentos más comentados de la charla fue cuando relató una experiencia con adolescentes en un taller de danza. Allí notó algo que, según ella, refleja el espíritu de los tiempos: la desconexión emocional.
“Los docentes me decían: bailan divino, pero están desconectados. Entonces les propuse un ejercicio: mirarse a los ojos. Hicimos dos rondas. Y fue increíble: algunos no podían sostener la mirada. Los profesores mismos se dieron cuenta de que hacía mucho que no miraban así, de verdad.”
Pérez Gomar reflexionó sobre cómo la vida cotidiana —el trabajo, las pantallas, la prisa— nos aleja de lo esencial. “Nos juntamos a charlar con nuestras amigas y estamos con el celular. Cocinamos, atendemos los mensajes, pero no miramos. ¿Cuántas veces al día miramos a los ojos a nuestros hijos?”, preguntó al público, que respondió con silencio y gestos de reflexión.
Padres, hijos y pantallas
La psicóloga también abordó con crudeza el impacto de la tecnología en la crianza actual.
“Los niños están siendo criados por padres ausentes, no porque no los quieran, sino porque no pueden. Llegan cansados, con tareas pendientes, o simplemente saturados. Y mientras tanto, los chicos son criados por las redes sociales, por una hiperrealidad que no existe.”
Advirtió que los jóvenes buscan referentes en el mundo virtual. “Como necesitan modelos, los buscan en los influencers. Pero lo que ven ahí no es real. Yo les cuento a los adolescentes: mis hermanas son mellizas y se hicieron virales en TikTok durante la pandemia. Se maquillan un poco, ponen un filtro y graban un video. Venden lo que la marca les paga. ¡Pero eso no es real, chicos!”, enfatizó.
Una lección desde el amor de un hijo
Pérez Gomar compartió una anécdota personal que emocionó a todos. Recordó un momento difícil tras su separación, cuando su hijo —entonces de apenas tres años— le dio una lección de amor propio.
“Yo estaba manejando, triste, buscando validación, y le pregunté: ‘¿Quién es la persona más importante de tu vida?’ Esperaba que dijera ‘vos, mamá’. Pero me respondió: ‘yo’. Frené el auto y me emocioné. En ese instante entendí que de niños sabemos que somos las personas más importantes de nuestras vidas. Luego lo olvidamos, y ahí empieza el problema.”
Con esta historia, la psicóloga remarcó la necesidad de reconectarse con el propio valor y la confianza interior. “Tenemos que alinear lo que pensamos, lo que sentimos y lo que actuamos. Si nos hablamos mal, actuamos desde la inseguridad. Pero si empezamos a hablarnos con amor, todo cambia.”
Un cierre con los ojos cerrados y el corazón abierto
Para finalizar, Pérez Gomar propuso un ejercicio de introspección. Invitó al público a cerrar los ojos, respirar profundo y escuchar las palabras que cada uno se dice a sí mismo. “No sos capaz, no podés, no sos suficiente… esas frases nos acompañan sin darnos cuenta. Pero si observamos cómo nos sentimos al escucharlas, entenderemos el poder que tienen.”
El silencio se adueñó de la sala. Algunas personas lloraban. Otras sonreían con los ojos cerrados. “La cara cambia, el cuerpo cambia, el alma también”, dijo suavemente Pérez Gomar, mientras la música de fondo acompañaba el momento.
Volver a mirar(se)
La charla terminó con un aplauso largo, de esos que no solo agradecen sino que también liberan. Pérez Gomar se despidió invitando a los presentes a practicar la mirada amorosa, hacia los demás y hacia uno mismo.
“Reconectarnos con nosotros mismos es el primer paso para volver a mirar al otro con amor. No hay bienestar posible si no empezamos por ahí.”
El mensaje quedó resonando en las paredes del salón y, sobre todo, en los corazones de quienes participaron: la felicidad no se busca afuera; se construye adentro, con autenticidad, ternura y autoconocimiento.




