El Ministerio de Ambiente otorgó la Viabilidad Ambiental de Localización (VAL) para la instalación de la planta de hidrógeno verde de HIF Global en Paysandú, un paso clave que habilita a la empresa a avanzar en su proceso de evaluación ambiental, aunque sin representar aún una autorización definitiva para construir. La resolución, firmada el 21 de noviembre por el director nacional de Calidad y Evaluación Ambiental, Alejandro Nario, declara viable la localización propuesta en los padrones 11.950 y 11.951, pese a los reclamos de instituciones y actores políticos de Argentina que pedían reconsiderar el sitio elegido por su cercanía al río Uruguay.
La resolución clasifica el proyecto como de categoría “C”, lo que implica que podría generar impactos ambientales negativos significativos. Esa categoría obliga a que el emprendimiento sea sometido a un Estudio de Impacto Ambiental (EsIA) completo, que deberá presentarse antes de que pueda ser evaluada la Autorización Ambiental Previa, una instancia imprescindible antes de iniciar cualquier obra. La planta, además, fue declarada un “Emprendimiento de Alta Complejidad”, lo que supone una evaluación más rigurosa y la intervención de varias direcciones técnicas del Estado.
El Ministerio de Ambiente estableció un conjunto amplio de exigencias para la elaboración del EsIA. Entre ellas, el análisis detallado de la calidad y disponibilidad del agua —tanto para su uso industrial como para su retorno al ambiente—, los posibles efectos sobre ecosistemas acuáticos y terrestres, los cambios en el paisaje diurno y nocturno, el nivel de ruidos, la gestión de residuos sólidos, la calidad del aire y los impactos sobre las actividades actuales del río y del territorio, incluidos usos recreativos y productivos. También deberán estudiarse de forma exhaustiva las dimensiones sociales y culturales, especialmente en las comunidades cercanas y en la dinámica económica local. El propio Ministerio advierte que podrían surgir elementos durante el análisis que requieran profundización, condicionen o incluso limiten la futura autorización ambiental.
El proyecto de HIF Global ha estado rodeado de controversias desde su anuncio. En septiembre, una consultora contratada por el propio Ministerio señaló que la zona propuesta tenía condiciones favorables, aunque reiteró que la categoría “C” conlleva riesgos relevantes que exigen una evaluación muy estricta. Frente a críticas provenientes tanto de organizaciones sanduceras como de sectores del litoral argentino, la empresa presentó modificaciones sustanciales al diseño original: redujo en un 35 % el área ocupada por la planta y amplió en un 70 % la superficie destinada a reserva ecológica. Sin embargo, esas correcciones no lograron disipar todas las preocupaciones.
En las últimas semanas, el proyecto quedó nuevamente en el centro del debate tras denuncias por una posible tala ilegal de monte nativo en predios vinculados a la futura instalación. De confirmarse, el Ministerio podría aplicar multas superiores a los 45.000 dólares. Este episodio aumentó la desconfianza de grupos ambientales y vecinos de la costa del río Uruguay, quienes temen efectos negativos sobre la biodiversidad, los humedales, el paisaje y los sistemas de vida que dependen del entorno ribereño. También influyó en el clima diplomático: gobernaciones argentinas y autoridades nacionales han expresado preocupación por un posible impacto transfronterizo.
Con la VAL otorgada, se abren ahora varias etapas decisivas. La más importante es la presentación del Estudio de Impacto Ambiental, que deberá incluir todas las dimensiones señaladas por el Ministerio. Luego vendrá el proceso de revisión técnica, que puede derivar en pedidos de información adicional, exigencias de modificaciones o condicionamientos estrictos para minimizar riesgos. La normativa también prevé una audiencia pública, espacio clave para que la ciudadanía acceda a información, plantee dudas y sea parte del proceso. Además, el avance del proyecto podría requerir gestiones bilaterales con Argentina, especialmente si los estudios revelan posibles afectaciones compartidas.
La planta de HIF Global ha sido presentada como una de las mayores inversiones privadas en la historia del país, con el potencial de generar empleo, atraer tecnología de punta y posicionar a Uruguay como un referente regional en la producción de hidrógeno verde y e-combustibles. Pero ese entusiasmo convive con advertencias sobre riesgos ambientales reales y la necesidad de que el país mantenga estándares estrictos en materia de protección del agua, ecosistemas, biodiversidad y participación comunitaria.
La decisión del Ministerio no cierra el debate: lo abre. Uruguay se enfrenta a un desafío mayor, que implica equilibrar el impulso hacia energías limpias y el desarrollo industrial con una mirada responsable sobre su territorio y su gente. La evaluación ambiental de este proyecto será, probablemente, uno de los procesos más observados de los últimos años, tanto dentro como fuera del país. El tiempo dirá si la planta de hidrógeno verde en Paysandú podrá convertirse en un modelo de innovación sostenible o si, por el contrario, quedará como un caso emblemático de las tensiones entre desarrollo y cuidado ambiental en la agenda nacional.




